Aunque Granger Taylor no terminó la enseñanza primaria, la gente que le conocía insistía en que no se trataba del típico ignorante. Algunos incluso lo calificaban de genio, un joven mecánico con tanta destreza e inteligencia innata que podía resucitar viejos tractores largo tiempo olvidados o devolver un automóvil de treinta años al esplendor del escaparate.

















