Cuenta la leyenda que Alejandro fue víctima de sus propias intrigas. El Papa, después de promulgar un edicto en el que reclamaba para la Santa Sede las propiedades de los cardenales fallecidos, planeó matar a un cardenal para quedarse con su fortuna. Así, Alejandro y su malvado hijo César se hicieron invitar a cenar a casa de la víctima elegida.


















