Satanismo

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La primera declaración oficial en la que se reconocía la existencia del satanismo se produjo el 12 de julio de 1680 en París, durante el reinado de Luis XIV, cuando Magdalena de Montespan, amante del rey, reconoció que efectuaba misas negras consagradas al Diablo, para no perder los privilegios de ser la cortesana íntima del soberano de Francia. La encargada de las misas era Catherine Monvoisin, más conocida por La Voisin, ocultista y especialista en filtros de amor. Los oficiantes de las misas negras eran Abbé Lesage y Abbé Mariette, dos sacerdotes renegados que practicaban el satanismo para la alta alcurnia y cuyo objetivo era introducirse en la corte de Versalles, cosa que consiguieron.

La VoisinMediante las misas negras, madame Montespan consiguió primero desplazar a su rival, madame Vallière; después, que Luis XIV se enamorara de ella y finalmente obligó al rey a dejarla embarazada. Para lograr su objetivo no dudó en sacrificar a niños recién nacidos en la celebración de las misas negras y consagrar su sangre a Satán. El propio cuerpo desnudo de la favorita real ejercía de altar en los sacrificios. Aunque finalmente se descubrió todo, ya que también se dedicaron a envenenar a algunos personajes, lo cierto es que objetivamente los servicios de las misas negras tuvieron su recompensa de forma efectiva y madame Montespan consiguió lo que quería, ser la amante real con toda clase de privilegios, tener descendencia real, poseer un castillo privado y disfrutar de una considerable renta para vivir cómodamente hasta el final de sus días.

Cómo nació el Diablo
Los pueblos y tribus más antiguos del mundo, y muy especialmente los persas, creían en la existencia de un Dios bueno y un Dios malo. Con el paso del tiempo los judíos fueron sensiblemente influenciados por estas creencias entre los años 538 al 331 antes de nuestra era. En esa época, la antigua Palestina o Judea formaba parte del inmenso imperio persa que unificó las dos teologías, la persa que era duoteísta y la judía, claramente monoteísta. El resultado de esta unión fue la introducción de la idea de la existencia de otro Dios maléfico adversario del Dios benéfico.

En el libro de Job no se atribuye directamente a Dios ser la causa del mal, sino que se acusa a un ente maléfico que está sujeto al poder del Dios bueno. Esta entidad es llamada Satán, voz hebrea que significa “enemigo-adversario”. Así, en el libro de Job se dice: “Satán es allí uno de los hijos de Dios que forma parte del consejo celestial y su misión consiste en tratar de descubrir pruebas contra los hombres y acusarlos delante de Dios”. Incluso cuando más adelante Job pierde todas sus pertenencias, manifiesta: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó”, pero no dice nunca que el que se lo quitara todo fuera el malvado Satán, por lo tanto el único responsable era el propio Dios.

Situando, pues, el personaje maléfico en su punto neutro, quedaría claro que el principal ministerio de Satán era el de instigador. En realidad era un ente ambivalente e igual hacía el bien como hacía el mal. Como es natural, tal papel no les gustaba a los padres del cristianismo y el siguiente paso consistió en desvincular a Dios de todo lo relacionado con el mal. En la historia del censo de David (de la cual hay dos versiones) el cronista se basó históricamente en el libro de Samuel y de entrada cambió la primera frase en la que decía: “i Yavé incitó a David”, y transfirió la culpabilidad poniendo: “Y Satán incitó a David”, con lo que a partir de entonces el único responsable de inducir al hombre a pecar e ir por el camino del mal era Satán, y se excluía a Dios de toda responsabilidad.

La teología moderna sostiene la tesis de que la aparición de Satán fue una solución de emergencia ante las exigencias religiosas del judaísmo, que por supuesto al ser filosóficamente monoteísta no podía admitir bajo ningún concepto que el mal pudiera ser originado por el propio Dios. Sin embargo, con la creación de otro Dios malo llamado Satán surgieron nuevos problemas, pues tenía que convertirse en un personaje maligno que bajara a la Tierra y viviera entre nosotros, donde tenía que intervenir tentándonos y maleficándonos.

La desaparición de uno de los dos dioses fue inevitable. Filosóficamente era inadmisible que hubiera dos dioses con el mismo poder y menos aceptable aún que hubiese un solo Dios bueno que actuara también de forma maligna. Entonces buscaron la única solución posible: Dios sólo era uno y era inexorablemente bueno; el otro Dios, precisamente por ser malo, dejó de ser Dios, convirtiéndose en un “ángel caído”. Además, el reino de los cielos se pobló de espíritus que no tardaron en ser discriminados en buenos (ángeles) y malos (demonios), y esos espíritus maléficos son los supuestamente responsables de endemoniar y poseer maléficamente el cuerpo y el espíritu de las personas.

Quién es Quién en el Reino del Mal
El pentagrama invertido se usa generalmente para representar el satanismoTodo lo relacionado con el reino del mal debe ser observado desde la perspectiva filosófica. Existen y han existido verdaderos especialistas del tema del Diablo, como el investigador Jean Wier quien, tras la constatación de otros eruditos en la materia, consideró que el reino del Diablo está organizado como si de un batallón militar se tratara. Como es natural, este reino posee sus jefes, oficiales y tropa que forman parte de sus correspondientes legiones de diablos.

Existe un jefe supremo de todos los diablos llamado Lucifer o Satán, ente maléfico por excelencia. Junto al poderoso Satán se encuentran una serie de ayudantes y siervos que son los que forman su corte y que según la tradición se desglosa en los siguientes personajes:

Rey ………………….. Lucifer (Satán)
Príncipes ………….. 72 diablos mayores
Legiones …………… 1.111 diabólicas
Cada legión ……….. 6.666 diablos menores

Existen diversos tipos de diablos diferenciados por sus especiales características: ígneos, aéreos, terrestres, acuáticos, subterráneos y lucífogos. Según Jean Wier, algunos de ellos se destacan del resto por su fuerte personalidad maléfica. Estos se han dado a conocer en diversas ocasiones en la Tierra a través de sendos casos de posesión en los que han supuestamente informado el alma de las personas poseídas. Algunos de ellos son: Lucifer, Astarot, Asmodo, Malfas, Ganga-Grama, Chax, Andras, Alocer, Eurinomo, Leonardo, Adramelech, Belial, Kobal, Nergal, Sidragasun, Ucobach, Zepar y otros.

Manifestación del Satanismo
El satanismo como filosofía surgió del supuesto rechazo que Dios hizo de la Naturaleza por impura e imperfecta. Más tarde, todo lo que la Iglesia aparta y condena es recogido por el Diablo, quien se sirve de ello y lo explota, por eso Satán es el “príncipe de este mundo”. Él es quien nos hace vivir una vida terrenal sin preocupaciones, una vida de bienes inmediatos, sin pensar en absoluto en una hipotética y nunca demostrada vida ulterior. Por contra, la Iglesia católica se mueve en un mundo gris y postula la idea del dolor, del sufrimiento, de la resignación y la espera de que a través de la muerte se acceda a una vida espiritual mejor. Esta dicotomía creó el bien y el mal y la única arma que tiene la Iglesia para contrarrestar la fuerza de la vida alegre y diabólica es la amenaza divina de cerrar la puerta del reino del cielo a los seguidores del satanismo.

Anton Szandor Lavey, conocido como el Papa Negro, fundador de la Iglesia SatánicaMuchas han sido las personas que no sintiéndose completamente identificadas con el Dios bueno monoteísta judeocristiano, le rechazaron y se inclinaron a adorar a su rival: Satán. Sus seguidores le prometieron amor eterno, servilismo humano y espiritual a cambio de que les facilitara riquezas y poder sobre el resto de los seres humanos. Estas personas idearon métodos para entrar en contacto con él y organizaron y sistematizaron unos determinados ritos de adoración al Diablo. Así se constituyó una forma de magia negra conocida popularmente por satanismo, que de hecho engloba a todos los libertinos y transgresores de las prohibiciones de la Iglesia.

La liturgia del satanismo dio origen a la celebración de las misas negras, las cuales son esencialmente actos ritualísticos esotérico-religiosos de ofrecimiento de vida al Diablo a través de los sacrificios. Están encaminadas a conseguir poderes sobrenaturales para situar al hombre a la altura de los seres superiores, es decir, convertirse en auténticos seres diabólicos por el hecho de estar su espíritu poseído por el Diablo.

La Mujer y el Satanismo
La mujer juega una importante tarea dentro del satanismo y es aquí donde adquiere su verdadero papel protagonista tras ser postergada desde siempre por el cristianismo. En el año 220, la enfermiza misoginia de la Iglesia de la época y el desdén de Tertuliano hacia la mujer llegaron a calificarla de víbora lúbrica. Ya en el siglo XV fue directamente despreciada cuando el monje dominico alemán Jacob Sprenger desveló los verdaderos términos etimológicos que marginan a la mujer, clarificando que “femenina” viene de “fe” (creencia) y de “mina” que significa “mínima” (menor). Es decir, la mujer tiene menos fe que una persona y por lo tanto se la coloca a nivel casi de un animal irracional.

En el Malleus Maleficarum (”El martillo de las brujas”), libro que en la Edad Media utilizaba la Santa Inquisición para fustigar a la brujería y a los herejes en general, se afirma explícitamente: “La mujer, siendo un animal imperfecto, es siempre una mentirosa”.

Este panorama hacia la feminidad vino a crear el estado de opinión generalizado de que la mujer es la quintaesencia de la maldad y la indujo a introducirse en el satanismo, donde por contra fue bien recibida.

Misas Negras
El satanismo se manifiesta en todo su esplendor a través de la celebración de las misas negras. De hecho, este es un ritual practicado asiduamente desde el siglo XVII, consistente en copiar las misas cristianas, en clonizar el rito cristiano pero con una simbología totalmente inversa. La misa negra, sin embargo, tiene variantes en su puesta en escena y su ofrenda consagratoria va dirigida a una divinidad maléfica. Sus actos consisten en repetir fundamentalmente los mismos gestos simbólicos y hacerlos completamente al revés de los efectuados en la misa cristiana. La consagración del vino es sustituida por la sangre de un animal sacrificado (en otros tiempos eran niños recién nacidos) sobre el altar satánico. Este lo constituye el cuerpo desnudo de una mujer, preferiblemente virgen, a la que se va a iniciar en el culto satánico. Dicha sangre humana y el espíritu de la persona sacrificada son ofrecidos y consagrados en cuerpo y alma al Diablo.

El conjunto de ritos e invocaciones dirigidos al rey de las fuerzas maléficas está presidido por un macho cabrío que simboliza al Diablo y la misa negra suele ser oficiada por un cura renegado o un sumo sacerdote satanista que va convenientemente ataviado con una sotana negra recubierta de emblemas demoníacos.

El oficio de la misa debe celebrarse sobre el cuerpo de una mujer porque ella simboliza la madre naturaleza, la madre de la vida y cuyo cuerpo es simbólicamente engendrado por el Diablo al ser regado exterior e interiormente con la sangre consagrada a este. En ocasiones, la mujer que solicita la misa y la que espera obtener los beneficios de ella, es la que debe ofrecer su cuerpo al Diablo y transformarse en el ara de sacrificios.

El Diablo tiene una filosofía auténticamente mercenaria y sus “favores especiales” son concedidos a cambio del sacrificio de un ser vivo, que en la mayoría de ocasiones se trata de un animal. Dependiendo de cuáles sean las intenciones deseadas los animales sacrificados son blancos o negros, su color está en relación al tributo que tenga que pagarse; los blancos son para acaparar, conseguir, obtener cosas; los negros son para quitar, eliminar, exterminar. Una vez obtenida la sangre fresca y el cáliz lleno del líquido vital, se procede a su consagración de ofrenda al Diablo con invocaciones como estas: Hoc est meum Belzebu (Lucifer o Satán), al tiempo que el contenido del cáliz diabólico riega el cuerpo de la neófita. Mientras tanto los adeptos recitan salmos al tiempo que giran en torno al altar humano y de esta forma el ceremonial queda cerrado y protegido por un círculo mágico diabólico.

Un fenómeno psicológico (otra perspectiva a las misas negras)
Carl Gustav Jung, maestro de la psicología humana, afirmó: “No existe el bien ni existe el mal, sólo existen buenas y malas intenciones”. Por lo tanto, el bien y el mal estarían en nosotros mismos y serían una consecuencia de nuestras actuaciones y no del comportamiento de las deidades supranaturales.

Partiendo de esta premisa, en los lugares donde habitualmente se celebran misas negras, como en Gran Bretaña y en Estados Unidos, diversos miembros de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas han detectado de forma estadística que gran parte de los participantes de estos rituales, posteriormente, durante el proceso de descanso nocturno, se ven aquejados por pesadillas, alucinaciones, trastornos psíquicos, etc. Estos fenómenos mentales de perturbación, pues, no serían debidos a una causa satánica sino al producto de la sobrecarga energética emocional que sufre la persona durante la celebración del mencionado ritual, que hay que saber expulsar a tiempo mediante mecanismos de inhibición y relajación.

El verdadero poder de la misa negra estaría en las manifestaciones emocionales inconscientes de sus participantes, las cuales son consecuencia del proceso sugestivo que sufren estos en el ritual satanista. Dichos participantes catalizan la energía psicógena y proyectan amplificadamente su poder volitivo de deseos e intenciones, que en muchos casos se cumplen. Son los mecanismos del funcionamiento de la magia. El comportamiento de los participantes y sus objetivos hay que saber interpretarlos adecuadamente como un fenómeno sugestivo producido por los estímulos recibidos, los cuales pueden activar la manifestación de un fenómeno psi. Desde esta perspectiva, pues, en ningún caso, y esto es importante, habría que entenderlo como una verdadera inducción diabólica, ya que el Diablo es un ente filosófico que sólo existiría por tanto en nuestra mente.

Con todo, siempre en lo más remoto de nuestro ser, creamos o no, nos formularemos una pregunta sin respuesta: “¿será realmente un fenómeno psíquico o se tratará sin más del poder del Diablo?”.

Cristo Paz | Ex sacerdote, profesor y escritor

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