San Borondón

La invisible isla de San Borondón

La invisible isla de San Borondón

Siete islas forman el archipiélago canario, en España, la octava, de naturaleza fantástica, corresponde a la misteriosa e inexistente isla de San Borondón. El nombre le fue dado por un monje navegante irlandés llamado San Brandán o Brandano (484-578). Era un predicador evangelista que fundó diócesis, órdenes e infinidad de monasterios y conventos en Irlanda, Gales y Bretaña.

Grabado que ilustra el manuscrito de los viajes de San Borondón, abad de Clonfert (Irlanda)Los datos del descubrimiento de la isla se encuentran en un manuscrito del siglo X titulado Navigatio Sancti Brendani, en el que se narran las andanzas del religioso Brandán en el siglo VI, que buscando una tierra considerada el paraíso, estuvo navegando durante siete años por el Atlántico hasta encontrar un país de riquísima vegetación (al parecer la península de Florida). En sus viajes, siempre acompañado por monjes, Borondón buscaba tierras vírgenes donde encontrar seres humanos a los que convertir al Catolicismo.

Grabado del momento en el que San Borondón desembarca en la isla a la que bautizaría con su nombreEn su travesía se topó con una isla de connotaciones fantásticas que se encontraba en el archipiélago canario y la bautizó con su nombre. La leyenda dice que el santo desembarcó y celebró misa, pero tuvieron que volver al barco súbitamente porque la isla desaparecía ante sus ojos. Ni él ni su tripulación volvieron a verla jamás.

El hallazgo de estos manuscritos dieron a conocer la insólita isla de San Borondón que desapareció misteriosamente y que tiempo después fue vista de nuevo por otros navegantes. Incluso llegaron a dibujar y situar la isla en la cartografía marítima de la época. En la Edad Media, no faltaron quienes identificaran la misteriosa isla con posibles restos de la mítica Atlántida.

La isla aparecía en las cartas náuticas del siglo XIII. Se situaba al oeste del archipiélago canario, a una distancia de 100 leguas de la isla de Hierro y a 40 de La Palma. Su existencia era evidente e incluso se conocían su forma y dimensiones: 87 por 28 leguas marinas, o lo que es lo mismo, 480 km de largo (de norte a sur) y 155 km de ancho (de este a oeste), formando hacia el medio una considerable degollada o concavidad y elevándose por los lados en dos montañas muy eminentes, siendo la mayor de las cuales la de la parte septentrional.

En 1570, la isla fue visitada por navegantes portugueses que llegaron casualmente arrastrados por una tormenta que les hizo naufragar. De la tripulación del barco hundido sólo dos hombres consiguieron regresar a su país explicando lo ocurrido. El resto de los marineros quedó esperando en la isla a que les salvaran, pero nunca más fueron rescatados ni vistos, porque los hombres que llegaron a tierra firme y dieron la noticia del naufragio no pudieron encontrar la misteriosa isla.

Desde entonces, la isla inexistente fue vista varias veces por distintas personas desde las islas cercanas de La Palma, Hierro y Gomera. Posteriormente aparecieron pruebas físicas de su existencia. El mar llevó restos procedentes de la isla invisible hasta las playas de las islas de Gomera y de Hierro: eran trozos de árboles y frutos de desconocida especie.

En el siglo XVIII, la misteriosa isla fue nuevamente avistada por diversos navegantes, y en 1759 incluso fue vista por más de cuarenta personas a la vez desde la isla de la Gomera. Algunas de ellas eran eclesiásticos y atestiguaron el hecho como cierto descartando la falsedad. ¡Era la isla de San Borondón!

Pudiera ser que ciertas condiciones atmosféricas produjeran un espejismo, pero la isla ha sido vista desde barcos en alta mar y desde aviones en vuelo. Su consistencia material ha sido esporádicamente detectada por los radares y sonares de la navegación civil y militar.

Buques de la Armada Española detectaron la presencia de la isla en sus equipos electrónicos, resultando que la tenían enfrente de ellos. Un barco militar avanzó hacia ella, la tripulación llegó a ver el perímetro de la costa de la isla, pero cuando se acercaron la imagen de la silueta de la isla se desvaneció así como la señal electrónica. El barco no cambió el rumbo, atravesó la invisible isla por la extensión de mar en donde un momento antes habían visto y detectado la misteriosa isla.

Varios pilotos han visto la isla desde sus aviones de líneas comerciales e incluso su presencia ha sido detectada por sus radares durante unos minutos, para acabar desvaneciéndose inexplicablemente. Muchos pilotos han sobrevolado la isla a pesar de su inexistencia.

El 5 de julio de 1991 una embarcación tipo Jet-Foil (navega sobre un colchón de aire) chocó contra “algo no identificado” cuando navegaba por las coordenadas en las que se sitúa la isla de San Borondón. Del accidente se llegó a la siguiente conclusión: “Choque contra objeto invisible”, con el resultado de siete heridos y destrozos en el buque.

El 1 de marzo de 1992, se repitió el mismo hecho. Otro Jet-Foil, el Princesa Teguise, de la compañía Transmediterránea, con 177 pasajeros a bordo, chocó en la misma zona contra “algo invisible” situado a 25 millas de la costa. El parte decía: “Chocamos contra algo indeterminado que era invisible”. En el accidente se produjeron diecinueve heridos y graves daños en la embarcación.

La compañía Transmediterránea, inquieta ante estos extraños accidentes, abrió una investigación que fue del todo inútil. Finalmente, lanzaron la hipótesis de la existencia de un gran cetáceo, especie de Moby Dick distraído que estuviera en el lugar. Nunca hallaron el menor indicio que corroborase tal hecho: cadáveres de ballena, sangre, restos de cetáceos, etc.; sólo el viejo misterio de San Borondón.

E. Martínez | Vidente

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