Poder de la pirámide

Poder de la pirámide

Poder de la pirámide

En los años sesenta del siglo pasado, cuando la prensa aireó la noticia de que un radiotécnico checo, Karel Drbal, había registrado una patente basada en su descubrimiento de que una pirámide de cartulina servía para afilar las hojas de afeitar, hubo una explosión de interés que condujo a gran número de investigaciones y a la publicación de no pocos libros acerca de lo que no tardó en llamarse “el poder de la pirámide”.

Aunque el registro de una patente no exige ninguna explicación teórica de por qué funciona un invento (sino únicamente la demostración de que, efectivamente, funciona), parece ser que la forma elemental de la pirámide genera una energía no identificada hasta el presente, y que influye -entre otros- sobre la hoja de afeitar. La estructura molecular del filo de acero es de naturaleza cristalina, y susceptible a influencias de tipo bastante sutil. Se sabe, por ejemplo, que una luz polarizada (como la del claro de luna) puede estropear durante varias horas el filo de una hoja de afeitar.

No obstante, toda esta historia comenzó algún tiempo atrás…

Corría el año 1932 cuando el que más tarde se convertiría en uno de los principales parapsicólogos franceses y miembro del Comité Rector del Instituto de Metapsíquica Internacional de París, editor de la ‘Revue Metapsychique’, Hubert Larcher, quien todavía era un desconocido por aquel entonces que no despuntaba más que como observador, vio en un escaparate de la ciudad de Niza una pirámide en miniatura. Se vendía en una ferretería de la capital de la Riviera Francesa y Larcher entró animado a preguntar el porqué de aquella extraña pieza allí.

Antoine BovisAntoine Bovis, propietario de la ferretería, le comentó que se trataba de una maqueta a escala de la Pirámide de Keops, la cual generaba una atmósfera misteriosa, canalizando una energía desconocida que impedía que los alimentos se descompusieran.

Bovis era uno de los pocos entusiastas que había oído hablar de “la energía piramidal” en Europa Occidental. Apasionado con las extrañas propiedades de las formas piramidales, se dedicaba a dar conferencias y a viajar por todo el mundo con su péndulo (practicaba la radiestesia) confirmando las aparentemente extrañas propiedades de las formas piramidales. Había estado como turista en el interior de la pirámide de Keops, en la Cámara del Rey, y su péndulo se movía de similar manera a cómo lo hacía sobre las formas piramidales en miniatura que él mismo construía.

En el viaje que realizó a Egipto, se encontró que al transitar por las galerías o pasillos de la Gran Pirámide había restos de animales muertos (ratones, gatos y otros, todos ellos descompuestos), lo que producía mal olor en estos sitios. Sin embargo, al llegar a la Cámara del Rey pudo observar que en algunas de sus proximidades y dentro de ella se encontraban también cadáveres de animales como los que había visto descomponiéndose por los pasillos, pero a diferencia estos presentaban un estado de momificación y en absoluto olían. Esto despertó sumamente la curiosidad de Bovis que pretendió entonces descubrir la causa de tal misterio. De regreso a Niza, su ciudad natal, encargó a un carpintero que le hiciera una pirámide a escala con relación a las medidas de la Gran Pirámide. Cuando la tuvo en su casa la emplazó en el jardín, orientándola dirección Norte-Sur. Colocó dentro un gato muerto y pasada una semana fue a ver qué había ocurrido. Se encontró que el gato estaba momificado, no olía mal y parecía deshidratado. Como buen investigador -aunque fuera un simple aficionado-, realizó otros experimentos con distintos animales, además de con alimentos como carne, huevos y demás. En todos los casos sucedía lo mismo, no existía descomposición de la materia ya que estos cuerpos y comestibles se secaban hasta quedar momificados.

Hombre sin una gran formación científica, dotado más bien de una sabiduría intuitiva, las experiencias de Bovis posiblemente no hubieran tenido gran repercusión de no haber sido porque llegaron a oídos de nuestro primer protagonista, el técnico checo doctor Karel Drbal, que, aunque de inicio se mostró totalmente escéptico al asunto e incluso intentó desprestigiarlo, fue de manera progresiva -a base de experimentos- siendo ganado por la causa de la piramidología ya que Bovis entregó a Drbal los planos para construir pirámides a escala y pronto éste contó con varias maquetas que le permitieron realizar experiencias que siempre concluían con éxito.

(Cualesquiera que sean las energías suscitadas por la estructura piramidal, por lo visto también son capaces de deshidratar y conservar materias orgánicas, a través de lo que propiamente podríamos llamar un proceso de momificación -tema que nos recuerda la fascinación de los antiguos egipcios hacia la muerte-).

Los experimentos que realizaron eran simples: construían una maqueta reducida y hueca de la Gran Pirámide y situaban en su interior los distintos objetos que, pasado el tiempo, quedaban transformados. Las hojas de afeitar recuperaban su filo y los alimentos, en lugar de pudrirse, se momificaban. Fue al propio Drbal a quien se le ocurrió situar una hoja de afeitar bajo la pirámide. Era de la conocida marca Blue Gillette con la que el ingeniero estaba habituado a afeitarse en cinco ocasiones y deshacerse de ella. Drbal no podía dar crédito a lo que ocurría, se afeitó cincuenta veces y notaba el deslizamiento de la hoja como el primer día. (Con posterioridad otros revalidaron estos experimentos.) El problema era que no conseguían aislar qué energía actuaba y a qué se debían estas sorprendentes facultades. Así pues, a falta de una idea mejor, llamaron a esta fuerza indeterminada “energía piramidal” y prosiguieron realizando experimentos más ambiciosos. Pronto se dieron cuenta de que si orientaban la maqueta piramidal en la misma dirección que su réplica gigantesca, es decir hacia el Norte, los resultados obtenidos eran mucho mejores.

Cuando la prensa dio a conocer el asunto, y a medida que aumentaba como bola de nieve el interés despertado por el poder de la pirámide, crecía también la gama de los fenómenos que supuestamente era capaz de inducir; en el momento culminante del encaprichamiento se vendieron pirámides como instrumentos para la meditación, generadores de experiencias visionarias, máquinas antibióticas y para curar lesiones, reforzadores del sistema inmune y vehículos de iluminación mística. Se ofrecieron campanas piramidales para acelerar el crecimiento de las plantas, y tiendas piramidales que debían servir para comunicarse con los espíritus de los difuntos.

Un humorista y erudito irlandés, el malogrado P. N. N. Synnott, suministró el antídoto más eficaz contra la creciente histeria piramidal. Cuando se le comentó que las pirámides servían para aguzar filos, observó que tenía por vecinos a unos aristócratas que desde hacía generaciones venían enterrando a sus difuntos en una cripta piramidal, sin que se hubiese manifestado la menor muestra de agudeza en ninguno de los miembros de la familia. Pero pese a las lógicas burlas que suscitan algunas de las pretensiones más descabelladas, sin embargo, parece indudable que la forma piramidal guarda relación con ciertos fenómenos curiosos, en particular cuando esa forma reproduce a escala las proporciones de la Gran Pirámide de Keops, y aunque los científicos de su tiempo no vieron ningún valor en sus hallazgos, no pocos se interesaron después de darle eco en tal fenómeno y continuaron las investigaciones, sobre todo en Estados Unidos. Allí, en la década de los 70, Bill Schul y Ed Pettit publicaron un informe en el que aseguraban que unas plantas de girasol colocadas dentro de una pirámide crecían más rápidamente que en otros sitios, y que la germinación de las semillas también se aceleraba. Asimismo realizaron varias pruebas con muestras de leche encontrando que mientras las de control se agriaban y enmohecían al cabo de unos días, las colocadas dentro de una pirámide se convertían en una sustancia cremosa y sin moho después de seis meses. Igualmente experimentaron con tomates, uvas, huevos, hígado de ternera, carne de vacuno o pescado, y los resultados fueron similares: las muestras de control se echaban a perder, en tanto que las de la pirámide se deshidrataban y encogían pero no se descomponían. Efectos muy parecidos se obtuvieron con pirámides de vidrio, madera, cartón y plástico.

Los hallazgos de Schul y Pettit hicieron pensar que tal vez la reproducción de las bacterias se detenía dentro de las pirámides. Esta suposición fue respaldada posteriormente al comprobar que ciertas personas que habían pasado un tiempo dentro de un modelo de pirámide, sanaban muy rápidamente de las cortaduras, quemaduras o moretones que tuvieran. (Las pirámides a escala también se han usado para aliviar dolores reumáticos, de muelas y de cabeza, calambres y tensión muscular.)

Otros investigadores también efectuaron distintas pruebas con resultados sorprendentes: por ejemplo, que la actividad eléctrica del cerebro cambiaba en forma notoria al permanecer dentro de una pirámide, incluso cuando se les vendaban los ojos a los sujetos del estudio para que no supieran en qué momento eran colocados dentro del modelo. Muchas de esas personas revelaron haber tenido una agradable sensación de calidez cuando se hallaban en el interior de la pirámide, así como un aumento de la vitalidad y el bienestar.

Y es que de todos los experimentos con las pirámides, los que más han conmovido a los científicos son los realizados en el área de la salud. Quizá es por ello que se viene trabajando con mucha seriedad en el efecto de las pirámides en la salud humana. En diversas universidades y en hospitales de medio mundo se estudian sus efectos en pacientes que son sometidos a este campo o efecto, y esto ocurre en no pocos países: Estados Unidos, Alemania, Rusia, Cuba… y aunque a día de hoy la mayoría de los científicos muestran mucho escepticismo ante los supuestos poderes de las pirámides, la energía piramidal continúa inagotable su desarrollo y aplicación.

E. Campbell

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