Nuestros parientes los primates

Nuestros parientes más cercanos: Los primates

Nuestros parientes más cercanos: Los primates

Primate significa “primero”, y con la palabra se designa el orden de animales que comprende a los prosimios (pro, delante; simio, mono), monos, antropoides o antropomorfos, es decir, monos que tienen alguna semejanza corporal con el hombre, y al propio hombre. Es tan importante su estudio, que ha dado lugar a una de las ciencias biológicas de mayor desarrollo en los últimos tiempos: la primatología.

Cráneo de algunos primates (indicando su masa cerebral)Nosotros, pues, los seres humanos, somos considerados primates. De ahí se deriva gran parte de la importancia aludida, ya que, por ejemplo, conociendo la vida social de los monos y de los antropoides conoceremos mucho de nuestra propia evolución. También, mediante la primatología sabremos que, contrariamente a lo que se nos decía (que “el hombre desciende del mono”), el hombre tiene menos que ver con el mono que con un antropoide. (Esto no quiere decir que “el hombre descienda del antropoide”; los estudiosos creen que el hombre y los antropoides tuvieron un progenitor común hace… alrededor de veinte millones de años.)

Cuatro grupos de primates
Orangutanes de SumatraLos prosimios, los monos del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo y los antropoides constituyen los cuatro grupos en que se dividen los primates. Los primeros son los más parecidos a los antepasados primitivos de todos los primates y forman el grupo más numeroso. Los segundos, que viven en América Central y en América del Sur, se diferencian de los terceros en que tienen sociedades con jefes y seguidores, aunque los del Viejo Mundo incluyen más variedades y están más extendidos. En cuanto a los antropoides, juntamente con el hombre constituyen el grupo en el que se cuentan, entre otros primates, el orangután y el gorila.

Los prosimios forman el grupo más numeroso de los primates. Estos animales viven en la isla de Madagascar y son utilizados por los hombres de ciencia para conocer al primate original.

El rasgo común de los primates
La razón que ha determinado a los sabios a agruparlos en un orden es que todos ellos tienen en común las adaptaciones para vivir en los árboles. La estructura de los cerebros de los primates y el hecho de que presenten uñas y no garras en las extremidades son pruebas de esas adaptaciones, mucho más importantes de lo que parecen a primera vista.

Los primates vinieron a la vida en los árboles y en ellos viven o vivieron enlazando los dedos de las manos y de los pies alrededor de una rama, en lugar de hundir sus garras en ellas, como lo hace la mayor parte de los mamíferos que habitan en los árboles. Asirse, para ellos, fue y es lo fundamental, y para ello desarrollaron dedos largos y delgados y pulgares con movimientos independientes. La habilidad fue mayor en un prosimio que en un primate primitivo, luego en un mono que en un prosimio y finalmente en un antropoide que en un mono. Al desarrollo de los dedos (prosimios) siguieron el de la estructura cerebral (monos) y el de las habilidades, como el balanceo de los brazos, facultad que, aparentemente simple, trajo muchos cambios en los primates superiores.

Conociendo la vida social de los monos y de los antropoides conoceremos mucho de nuestra propia evoluciónPara medir el alcance de estas evoluciones, bastará decir que el hombre en su modo básico de percibir el mundo que lo rodea, apenas ha avanzado más allá de la etapa que alcanzaron los monos hace unos veinticinco millones de años. Esto no quiere decir que reaccione como un mono, pero esencialmente huele, paladea, oye, toca y ve en forma semejante a como lo hace este.

El triunfo de la vida en los árboles
Una ley desprendida de la evolución de las especies enseña que el éxito se juzga por el número. Desde este punto de vista, los monos son un verdadero triunfo de la vida en los árboles. Los hay en gran cantidad y en una asombrosa variedad de formas.

Esquema de las narices de los monos del Nuevo Mundo (platirrinos, arriba) y de los del Viejo Mundo (catarrinos)Se sabe que los primates eran, en un comienzo, muy semejantes, pero que hace por lo menos cuarenta millones de años tuvo lugar una separación básica que produjo dos familias distintas: los monos del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo, cuya distinción externa es bastante curiosa y consiste en la forma de sus narices. Los primeros las tienen anchas (redondeadas y muy separadas, como el mono aullador) y reciben el nombre de platirrinos (palabra que en griego significa eso, “nariz ancha”), y los segundos hacia abajo, es decir, catarrinos (poca separación entre las fosas nasales, las que parecen comas apuntando hacia abajo, como el guenon de orejas rojas de África y Asia; en griego quiere decir justamente “nariz hacia abajo”).

Si se considera el aparato digestivo de los monos del Viejo Mundo, todavía hay más: las subfamilias de los hanumanes y colobos, que han desarrollado grandes estómagos para poder alimentarse de hojas, y el resto de los monos de Asia y África. El colobo y el hanumán son, también, animales tímidos, y sus cuerpos largos y esbeltos los hacen muy ágiles, lo que constituye una adaptación más para la vida en las copas de los árboles.

El resto de los monos, entre los que hay muchos que viven en la tierra aunque no hayan abandonado los árboles, debió desarrollar un cuerpo recio para la defensa contra el ataque. No hay que olvidar que lo primero para subsistir es el alimento y lo segundo la defensa.

Los monos americanos
Tití pigmeoConviene apuntar que los monos americanos (o platirrinos) se dividen en titíes y cébidos. Entre los primeros se encuentran los monos más pequeños del Nuevo Mundo (el tití pigmeo, por ejemplo, de 7 a 10 centímetros, sin contar la cola); entre los segundos, que constituyen una variada y numerosa familia, caracterizada porque saltan y se columpian entre las ramas, se hallan los que tienen cola prensil y los que no la tienen.

La cola es para el primate, como en el caso del mono araña americano, una mano más. En general, el apéndice, sensible y fuerte, les sirve a los monos para explorar, encontrar y recoger un objeto, y hasta para “saludar”, es decir, hacer vida social, enlazándoselas.

Los precursores de los bípedos
Hembra del gibón hoolock occidental (Hoolock hoolock)Nadie de entre los antropoides puede balancear tanto y tan bien las manos en el deslizamiento entre los árboles como el gibón. Se lo ha observado atentamente y la comprobación es asombrosa. Pero no menos asombroso es que el antropoide, de cuerpo tan ágil y gracioso, sea de la misma familia que el orangután, el chimpancé y el gorila, criaturas voluminosas y torpes de movimientos. Un orangután, por ejemplo, se mueve con soltura entre las ramas, pero se desplaza muy lentamente en la tierra.

GorilaRespecto de las costumbres del gorila, también pesado en sus desplazamientos, se ha comprobado que no es el animal feroz que deja entender su aspecto. Por el contrario, es manso. Sus demostraciones de ferocidad son, en su mayor parte, sólo aparentes, como sus golpes en el pecho o en el suelo.

Ham fue el primer chimpancé astronauta (en 1961)El cuidado que prestan a sus crías, las sociedades que integran, con jefes y cabecillas, y aquellas aptitudes para erguirse (saltar, balancearse, andar por la tierra) hacen de los antropoides los antecedentes del bípedo por excelencia: el hombre. Y aunque hay algunos que creen que las diferencias esenciales, aquellas que hacen de un hombre un hombre y de un antropoide un antropoide, son esenciales, lo cierto es que se ha podido observar que el comportamiento de estos animales los acerca mucho al hombre. ¿Creerán que el sabio Adriaan Kortlandt observó a un chimpancé contemplando una puesta de Sol? Sí, parece que ellos también se conmueven ante el placer de la belleza de un crepúsculo.

Alba Rivero | Veterinaria

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