Las puertas sagradas de la tierra

Las puertas sagradas de la tierra

Las puertas sagradas de la tierra

La creación del mundo, la naturaleza del tiempo, el papel de la humanidad en el universo… el ser humano ha contemplado estos enigmas desde el comienzo de la vida. Para comprender cómo y por qué empezó el mundo, para cumplir la extraordinaria necesidad humana de imponer orden en el caos, los pueblos primitivos dieron forma a mitos y leyendas que convertían los misterios del origen y de la existencia en patrones comprensibles de espacio y tiempo. Los lugares sagrados formaban parte de muchos relatos tradicionales, paisajes de formas y bellezas tan extraordinarias que inspiraban temor y reverencia.

Monte Kailas en el TíbetAlgunos lugares sagrados, tales como Spider Rock al norte de Arizona, eran considerados puertas a otras dimensiones y épocas. Otros, como el monte Kailas en el Tíbet y el lago Titicaca en América del Sur, eran venerados por sus culturas, extinguidas hace siglos, como las moradas de los dioses.

En algunos casos, pueblos distintos llegaron a pensar en sus lugares sagrados de forma muy similar; a veces incluso los describían con las mismas metáforas. Las cosmologías de los indios americanos, de los asiáticos y de los griegos, por ejemplo, han llamado a sus lugares sagrados particulares “el ombligo del mundo”, el centro unificador en el corazón de toda creación. Sin embargo, a pesar de los intentos por obtener una explicación, el tiempo y el espacio continúan siendo un enigma que quizá nunca será totalmente comprendido y que se aceptará sólo como acto de fe. Si las respuestas deben ser perpetuamente evasivas, quizás entonces los antiguos tenían la sabiduría de elegir como lugares sagrados unos paisajes tan espléndidos como los que se observan a continuación; ellos son un poderoso recuerdo terrenal de los mayores misterios de la Tierra.

La aguilera de la Mujer Araña
Monolito de arenisca roja formado hace 230 millones de años aproximadamenteEn lo alto de la vertiginosa aguja de Spider Rock, decían los navajos del Suroeste de Estados Unidos, tenía su casa la Mujer Araña, diosa de la tierra. Su columna es un delgado monolito de tierra roja que alcanza los 244 metros por encima del suelo del Cañón de Chelly en el Noreste de Arizona. El cañón ha estado habitado, en una u otra época, por los antiguos pueblos hacedores de cestos, los predecesores de los indios pueblos, los navajos, los hopis y varias comunidades pequeñas de trogloditas.

Según la mitología de los indios hopi, la residencia de la Mujer Araña guarda el portal a través del cual surgieron los humanos del útero de la madre tierra al principio de los tiempos. Tal como se narra en un cuento hopi, Sotuknang, el dios del universo, creó a la Mujer Araña para que fuera su ayudante en la tierra. Como sustituta de Sotuknang, los indios la veían como una figura anciana y sabia. Proporcionaba un nexo entre los mundos humano y divino, a veces transportando a la gente entre las dos esferas, llevando sus almas en un cesto que salía de su útero.

El antiguo centro griego del mundo
Ónfalo de DelfosTal como recoge la mitología clásica griega, Zeus, el rey de los dioses y de los hombres, liberó dos águilas desde extremos opuestos del mundo para encontrar el centro de sus dominios. Los grandes pájaros atravesaron la anchura del mundo y se reunieron en el fértil valle de Delfos en la colina sur del Monte Parnaso. Este lugar se marcó con una piedra llamada omphalos, que también es la palabra griega para “centro” u “ombligo”.

Templo de ApoloEn ese lugar se construyó un templo a Apolo y se convirtió en la residencia del Oráculo de Delfos. Según la tradición, una profetisa llamada Pythia se sentó sobre una sima en la tierra al lado del templo, inhalando los vapores que emanaban de la tierra. Al entrar en trance, balbuceó relatos de acontecimientos que todavía no se habían descifrado. Más tarde sus palabras fueron puestas en verso por los sacerdotes de Delfos y soportaban el peso de la revelación divina. Tanto reyes como plebeyos consultaban el oráculo, con la esperanza de trascender los límites normales del tiempo y atisbar el futuro.

El místico lago elevado de los Andes
Lago TiticacaEn una planicie barrida por el viento, en las alturas de los Andes, a horcajadas entre Bolivia y Perú, se extiende el lago Titicaca, místico lugar de nacimiento de la civilización inca. Para los incas señoriales, el lago, de 8.288 km², el segundo más extenso de Sudamérica, era el lugar de renacimiento y un hito en la cosmología que veía al tiempo como una progresión de eones, ascendiendo y descendiendo como dinastías imperiales. Según una versión del mito inca de la creación, la leyenda de los Niños del Sol, nuestra época presente sucedió a lo que quedaba de un período de oscuridad y caos en la tierra.

Observando cómo los seres humanos pasaban el tiempo en un estado bárbaro y primitivo, el dios sol lloró y se apiadó de ellos. Envió un hijo y una hija a la tierra, Manco Capac y Mama Ocllo, para enseñar a la raza humana a adorarle y adoptar un modo civilizado de vida. Estos sabios enseñaron a la humanidad las artes de cultivar plantas y granos. El dios sol dejó a sus hijos en una isla en el lago Titicaca, desde donde prosiguieron su viaje hasta establecer el imperio inca.

Juan José Jiménez Carretero | Viajero y escritor

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