Frases célebres que hicieron historia (2)

Frases célebres que hicieron historia

Frases célebres que hicieron historia (2)

Cuando una frase se hace célebre es porque detrás hay una gran historia. (Si disfrutaste con la primera parte, ésta no te dejará tampoco indiferente…)

“¿He dicho acaso alguna tontería?”
Entre las figuras ejemplares de la antigua Grecia destácase Foción, orador extraordinario y soldado valeroso que vivió en el siglo IV a. de C. Nadie fue más inflexible que él en sus críticas, consejos y discursos, destinados a corregir los defectos humanos, pero jamás recurrió a los artificios demagógicos para lograr la aprobación del auditorio. Por eso, en cierta oportunidad, viéndose ruidosamente aplaudido por la muchedumbre que lo escuchaba, preguntó extrañado: “No sé por qué me aplauden. ¿He dicho acaso alguna tontería?”.

“¡Esa no es postura de difunto!”
La epidemia de fiebre amarilla del año 1871 produjo en Buenos Aires (Argentina) más de 14.000 muertos en pocos meses, y fue un serio problema el traslado de los cadáveres para su inhumación. A los pocos coches fúnebres se agregó toda clase de carros y carretas para el transporte de las víctimas, sin esperar, en algunos casos, los certificados de defunción correspondientes. Un cronista dijo: “En uno de aquellos carros habían cargado a un hombre que, luego de hacer algunos movimientos, llegó a sentarse junto al conductor. Este, al verlo, le respondió con cierta lógica: ‘Vuelva a su sitio en seguida. ¡Esa no es postura de difunto!’”.

“¡Yo soy quien ha ganado para vos más tierras que las que os legaron vuestros abuelos!”
Hernán CortésAños después de la conquista de México, Hernán Cortés regresó a España con la tristeza de haber caído en desgracia y encontrarse en la ruina. Fracasadas sus tentativas de ser recibido por Carlos V, de quien esperaba alguna ayuda, en cierta ocasión pudo acercarse a la carroza del emperador, logrando subir a un estribo del carruaje. Entonces, cuando el rey le preguntó quién era, Hernán Cortés le contestó con energía: “¡Yo soy quien ha ganado para vos más tierras que las que os legaron vuestros abuelos!”. Frase muy bonita pero inútil porque no estimuló la gratitud del monarca, y Hernán Cortés murió en la miseria.

“Todo lo llevo conmigo”
Bías de PrieneEn ocasión de estar sitiada la ciudad de Priene por el ejército de Ciro (siglo VI a. de C.), todos sus habitantes trataban de escapar, llevándose la mayor cantidad posible de objetos de valor. El único que permanecía ajeno a tales preocupaciones y ansiedades era el filósofo Bías -uno de los siete sabios de Grecia-, quien al ser interrogado por su actitud, contestó: “Tolo lo llevo conmigo” (dando a entender con ello que los bienes más preciados para él eran su sabiduría y el tesoro de sus pensamientos); palabras que, por supuesto, no conmovieron demasiado a sus compatriotas.

“No sólo de pan vivirá el hombre”
A quienes pasan por la vida dominados por el único afán de acumular riquezas materiales, conviene recordarles alguna vez este episodio bíblico: “Habiendo sido llevado Jesús al desierto para ser tentado por el diablo -dicen los Evangelistas-, después de haber ayunado allí durante cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre… Y vino el tentador y le dijo: ‘Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se hagan pan’. Más él, respondiendo, habló: ‘Escrito está: no sólo de pan vivirá el hombre.’”

“La suerte está echada”
Cayo Julio CésarPara proteger a Roma de los soldados de las Galias, las leyes romanas prohibían severamente el paso del Rubicón -pequeño río que separaba a Italia de la Galia Cisalpina-, y consideraban “traidor a la Patria” a quien atravesara con tropas dicha vía de agua. Encontrándose Julio César con ese problema (pasar el Rubicón para marchar sobre Roma) cuenta Suetonio que se decidió al fin, exclamando: “La suerte está echada”. (Con este paso, se rebeló contra la autoridad del Senado y dio comienzo a la larga guerra civil contra Pompeyo y los optimates -”los hombres excelentes”, la facción aristocrática de la República Romana-.) Y la frase se repite cuando alguien toma una determinación atrevida y decisiva al acometer una empresa peligrosa.

“Como no sé leer, colócame una espada”
De pronto, cuanto trabajaba en una estatua del Papa Julio II, Miguel Ángel se encontró con el problema que ha preocupado a muchos pintores y escultores: encontrar un objeto para poner en las manos de los modelos. Y cuando el genial artista le preguntó si le parecía bien que lo viesen sosteniendo un libro, el pontífice respondió: “No, nadie lo va a creer. Como no sé leer, colócame una espada”.

“Los laureles de Milcíades no me dejan dormir”
Humanos al fin, también los grandes guerreros han sentido alguna vez algo de celos o envidia a causa del triunfo logrado por otro compañero de armas en los campos de batalla. Y cuando el general Milcíades derrotó a los persas en la batalla de Maratón (siglo VI a. de C.), el general Temístocles se hartó de escuchar los interminables elogios hechos a su colega y declaró a sus amigos: “Los laureles de Milcíades no me dejan dormir”.

“Comer para vivir, no vivir para comer”
La referencia más antigua respecto de esta frase se remonta al filósofo Sócrates, quien la habría pronunciado (recuérdese que Sócrates no dejó escrito alguno) hace más de 2.300 años. Esto indica que nos viene de muy lejos el pecado de la gula. El consejo se repite en una de ‘Las Siete Partidas’ de Alfonso X el Sabio: “Según dijeron los sabios, el comer fue puesto para vivir, y no el vivir para el comer”. También Molière recomienda en ‘El avaro’: “Hay que comer para vivir, y no vivir para comer”. Como vemos, el hombre sabe muy bien qué normas debe respetar en la mesa.

“El Estado soy yo”
El Rey SolEl 13 de abril de 1655, Luis XIV llegó al Parlamento francés con traje de montar y látigo en mano, atuendo que mereció palabras de censura del presidente del Parlamento, quien consideró disminuido el respeto debido al Estado, pero el rey le contestó con suficiencia: “El Estado soy yo”. La frase pinta con claridad el carácter absolutista y despótico del monarca, pero no sería justo ocultar que durante su reinado -considerado como el Siglo de Oro de Francia- se destacaron hombres como Pierre Corneille, Jean Racine, Molière, La Bruyère, Nicolás Boileau, François Fénelon, Charles Perrault, La Fontaine, y otros.

“El sol será testigo del triunfo de nuestras armas”
En los llanos de Maipú, los dos ejércitos estaban listos para iniciar la lucha: las tropas libertadoras del general don José de San Martín y las del general realista don Manuel Osorio. Y fue en aquel amanecer del día 5 de abril de 1818 cuando el general San Martín arengó a los suyos, diciéndoles: “El Sol que asoma en la cumbre de los Andes será testigo del triunfo de nuestras armas”. Palabras más que proféticas, pues con el logro de aquella victoria quedó asegurada la independencia de Chile, y se abrió camino a la independencia del Perú.

“¡Qué artista pierde el mundo!”
NerónDespués de ordenar la persecución de los cristianos y el incendio de Roma, y de eliminar a su madre Agripina, a su hermanastro Británico, a sus esposas Octavia y Popea y a su preceptor Séneca, el emperador Domicio Claudio Nerón -quien se llamó a sí mismo ‘El cómico coronado’- se hizo dar muerte por un soldado y exclamó antes de morir: “¡Qué artista pierde el mundo!”. Todas esas barbaridades y algunas más las realizó en sólo 31 años de vida (37-68), y tal vez sea eso lo único que pueda elogiársele: que viviese poco.

Raquel Fernández | Colaboradora

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