Feudalismo

La sociedad feudal

La sociedad feudal

Aunque los diversos ingredientes que configuraban la sociedad feudal se fueron elaborando en el período que siguió a la caída del Imperio Romano, sólo después del año 1000 puede decirse que el feudalismo había cristalizado en Europa. Entendido el término feudalismo en un sentido restringido, hace referencia exclusivamente a las instituciones feudo-vasalláticas, que ligaban entre sí a hombres libres en busca de mutua protección y servicio. Pero en un sentido más amplio el feudalismo define a un tipo de sociedad, que tuvo una larga vigencia en la historia de Europa, y que se caracteriza por un marcado carácter rural y la existencia de dos grupos sociales fundamentales, los señores y los campesinos.

FUNDAMENTOS ECONÓMICOS Y SOCIALES DEL FEUDALISMO

La sociedad feudal
Así denominamos a aquella que se constituyó en Europa occidental después de la caída del Imperio Romano; estuvo presente durante toda la Edad Media y aún mantuvo vigencia, al menos en algunas de sus manifestaciones, hasta la implantación de la sociedad capitalista. La sociedad feudal era eminentemente rural, por tanto, la tierra era la base en torno a la cual se articulaban las relaciones sociales. La tierra era cultivada por los campesinos, que constituían la inmensa mayoría de la población y que, por lo general, se hallaban bajo una dependencia personal hacia sus señores o estaban adscritos al predio que trabajaban. La propiedad de la tierra pertenecía a un reducido grupo de personas, los señores (laicos o eclesiásticos), los cuales ejercían poderes de mando sobre los habitantes de sus dominios. Los miembros de esa aristocracia rural, que era la capa superior de aquella sociedad, estaban a su vez subordinados unos a otros por una jerarquía de lazos de dependencia personal (las relaciones feudo-vasalláticas propiamente dichas).

Relaciones entre señores y campesinos
Escena agrícola bajo la supervisión del intendente. El edificio social descansaba sobre el trabajo de los campesinosLa unidad fundamental de producción era la gran propiedad territorial. Habitualmente se le denomina señorío, debido a que en ella el propietario ejercía también atribuciones de mando. La gran propiedad constaba de dos partes, la reserva y los mansos. La reserva era la parte del dominio que el propietario se reservaba para su explotación directa. Los campesinos adscritos al dominio recibían unas parcelas (los mansos), sobre las cuales tenían el usufructo. A cambio de recibir el manso, los campesinos entregaban al señor rentas (en especie o en metálico) y efectuaban trabajos gratuitos en la reserva señorial, además de otras prestaciones, las corveas.

El propietario de la tierra tenía funciones de mando, era un señor. Él protegía militarmente a los campesinos de sus dominios, e incluso a otras gentes de las proximidades. Pero los que se hallaban bajo su jurisdicción tenían diversas obligaciones. Por de pronto los campesinos tenían que utilizar forzosamente, previo pago de un canon, el horno y el molino del señor. A cambio del servicio de armas, que no prestaban, los campesinos realizaban trabajos muy variados (vigilancia, transporte) y entregaban alimentos. También percibían los señores derechos por la realización en sus dominios de actividades mercantiles (peajes, derechos de mercado). Asimismo, los campesinos dependían de la justicia señorial, que era para el señor una lucrativa fuente de ingresos. En general, puede afirmarse que la hacienda de los señores se nutría más de los derechos señoriales que de las rentas que percibían de sus tierras. De ahí el interés en colocar bajo su jurisdicción señorial al mayor número posible de hombres.

Por supuesto, no todos los campesinos de la Edad Media tenían idéntica situación. Desde el punto de vista jurídico había siervos y libres. Los siervos, aunque se diferenciaban notablemente de los esclavos del mundo antiguo, tenían muchas restricciones a su libertad. También había diferencias de tipo económico entre el campesinado, especialmente después de la expansión agraria del siglo XI. Pero, en su conjunto, los campesinos mostraron un frente común ante las exigencias señoriales, a lo que contribuyó en gran medida la existencia de las comunidades aldeanas, que permitieron estrechar los vínculos de solidaridad entre sus componentes. No obstante, el campesinado, sobre cuyo trabajo descansaba todo el edificio social, fue una clase deprimida, sin apenas posibilidades de ascenso, despreciada por la literatura medieval.

Estructura de la sociedad feudal
Los intelectuales de la Edad Media afirmaban que la sociedad estaba compuesta por tres órdenes o estamentos, cada uno de los cuales desempeñaba una función determinada: los que oran, es decir, los eclesiásticos; los que guerrean, o sea, los nobles; los que trabajan, en cuyo grupo se incluía fundamentalmente a los campesinos. Los eclesiásticos y los nobles, que desempeñaban las funciones más dignas, gozaban de numerosos privilegios, lo que les diferenciaba del otro orden. Ahora bien, si tenemos en cuenta los criterios económicos y sociales observamos que en la sociedad feudal la división fundamental se establecía entre una clase gobernante, la aristocracia rural, integrada por los nobles y los altos dignatarios de la Iglesia, y una amplia masa dominada, fundamentalmente los campesinos. La primera tenía la propiedad de la tierra y se valía de medios extraeconómicos (atribuciones judiciales, poder militar, etc.) para obtener ingresos, que procedían en última instancia del trabajo de los campesinos. Pero con la expansión agraria posterior al siglo XI, y el desarrollo de las ciudades y del comercio, se fue constituyendo una nueva clase social, la burguesía, que a la larga sería la destructora de la sociedad feudal.

LAS INSTITUCIONES FEUDALES Y LA CABALLERÍA

Vasallaje y beneficio en la sociedad feudal
Pirámide feudalLos miembros de la capa superior de la sociedad feudal estaban unidos entre sí por un complicado tejido de relaciones de hombre a hombre. Las dos instituciones fundamentales que permitían anudar estrechos lazos entre los señores y los vasallos eran el vasallaje y el beneficio. Hay que observar que la palabra señor se emplea aquí en un sentido distinto al que tenía al utilizarla en su relación de dominio sobre los campesinos. Dentro de la nobleza había una estratificación, por lo cual una misma persona podía ser a la vez señor de alguien inferior a él y vasallo de otro superior. En la pirámide feudal sólo el que se encontraba en la cúspide (el rey) no era vasallo de nadie. No obstante, todos los miembros de la nobleza, cualquiera que fuera su puesto en la jerarquía feudal, gozaban de los privilegios propios de su orden y podían ejercer atribuciones señoriales sobre los campesinos de sus tierras.

Una serie de ceremonias sellaba el pacto por el cual señor y vasallo se ligaban mutuamenteLa entrada de un hombre libre en vasallaje se efectuaba mediante una ceremonia solemne, el homenaje. El vasallo juntaba sus manos con las de su señor, juraba serle fiel y declaraba convertirse desde ese momento en su hombre. A continuación, el señor, mediante la ceremonia de la investidura entregaba al vasallo un objeto que simbolizaba el beneficio que le concedía. La palabra que designaba en la mayoría de los casos el bien donado era feudo (de donde deriva precisamente feudalismo) y el beneficio consistía, por lo general, en tierras. En ambas ceremonias, el homenaje y la investidura, tenían una gran importancia las palabras y los gestos. El señor y su vasallo, a partir de ese momento, quedaban estrechamente ligados. Cada uno de ellos adquiría una serie de obligaciones hacia el otro. El vasallo contraía un conjunto de deberes para con su señor, que se concretaban en la ayuda y el consejo. La ayuda consistía fundamentalmente en la prestación de un servicio militar cuando su señor se lo pedía, aunque terminó por fijarse el tiempo de duración de este servicio (cuarenta días al año). También tenía que ayudar el vasallo a su señor desde el punto de vista económico en casos especiales, por ejemplo, contribuyendo a pagar el rescate en caso de necesidad, o haciendo regalos cuando era armado caballero su primogénito o se casaba su hija mayor. El deber de consejo consistía en acudir a la corte del señor para formar con él tribunal de justicia o para darle su opinión cuando era solicitada. Por su parte, el señor tenía que socorrer a su vasallo contra todos sus enemigos y, por supuesto, concederle un beneficio, que era la razón de ser de los servicios que esperaba a cambio. No obstante, con el tiempo las relaciones feudo-vasalláticas se hicieron más complejas. El compromiso, en principio, unía al señor y a su vasallo mientras vivieran, salvo que sus cláusulas fueran violadas por una de las dos partes. Pero, posteriormente, el compromiso fue heredado por los descendientes de ambos. Asimismo, los feudos se convirtieron en un bien propio, del que los vasallos podían disponer libremente, aunque los señores nunca perdían los servicios debidos por ese beneficio. No obstante, uno de los elementos que más contribuyó a complicar estas relaciones fue la multiplicación de los homenajes. Un hombre libre podía ser vasallo de diferentes señores. Es verdad que de todos los homenajes que prestaba, uno era el más importante (ligio), pero de todos modos esta práctica parecía en contradicción con el principio de la entrega total del vasallo a su señor.

La caballería
Los caballeros se preparaban para la guerra celebrando torneosLos nobles tenían su estilo de vida. Su función social era la dedicación a la guerra. Pero ésta, en la Edad Media, se hacía a caballo. De ahí que los términos nobleza y caballería sean en la práctica sinónimos en el mundo feudal. Los nobles residían en los castillos. Enclavados en lugares estratégicos, y construidos en piedra desde mediados del siglo XI, los castillos eran excelentes refugios de tipo militar, pero también centros desde los que se ejercía un dominio político y judicial. La guerra estaba reservada a la aristocracia rural, único grupo social que podía costearse el caballo y el armamento y que tenía tiempo libre para ejercitarse en sus preparativos. En el siglo XI triunfó la llamada caballería pesada. El equipamiento del guerrero era muy complejo, pues incluía la cota de malla, el yelmo, el escudo y la lanza. Los caballeros se preparaban para la guerra participando en la caza y en torneos, simulacros de combates. No es extraño que naciese entre ellos una mentalidad específica, con unos ideales propios y un deseo de cerrar filas. Sólo se entraba en ese grupo después de una ceremonia, en el curso de la cual el joven aspirante era armado caballero. La expresión literaria de los ideales caballerescos son las canciones de gesta.

González Lázaro | Historiador

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