El valle de Hunza, el verdadero Shangri-la

El valle de Hunza, el verdadero Shangri-la

El valle de Hunza, el verdadero Shangri-la

En su novela ‘Horizontes perdidos’ (1933) James Hilton describe un oculto valle del Himalaya llamado Shangri-la, en el que la gente envejecía tan lentamente que una mujer de siglos era todavía bella y con una piel suave, y un hombre igualmente anciano era tan vigoroso como los jóvenes. El lugar era imaginario, pero un verdadero valle de las montañas del norte de Pakistán comparte tantas características con esa tierra de ficción (incluyendo a los ancianos inusualmente vigorosos) que ha sido descrito como un Shangri-la real.

El valle se llama Hunza, y sus habitantes hunzakuts. Asombrados por la salud de los ancianos hunzakuts, los viajeros han alabado todos los aspectos del valle, desde su simple estilo de vida a sus aguas cargadas de sales minerales, atribuyéndoles el secreto de una larga vida. Los investigadores de la salud señalan la existencia de algunas metafóricas serpientes en este aparente paraíso, entre ellas la elevada tasa de mortalidad infantil, y los parásitos portadores de enfermedades en las míticas aguas. De todos modos, no se puede negar que muchos de sus habitantes continúan realizando un trabajo productivo a los ochenta o los noventa años.

Sus propias explicaciones incluyen un riguroso trabajo físico y una dieta de fruta, hortalizas y cereales. “Para vivir mucho -dijo un viejo granjero hunzakut-, trabaja duro y come alimentos tradicionales.” Otro factor es la efectiva selección natural impuesta por las enfermedades infantiles. Un hunzakut lo señaló crudamente: “Los que sobrevivimos somos fuertes. Los que no son fuertes mueren.” Otros lo atribuyen a la felicidad familiar y los bajos niveles de tensión. “Tan solo tengo un consejo que dar a los jóvenes que quieren vivir mucho tiempo -dijo un hunzakut-. Lo primero es la felicidad. Si algo te hace feliz, debes aprovecharlo.”

GALERÍA DE IMÁGENES

valle de Hunza

El valle de Hunza, un floreciente oasis encajado en medio de los picos nevados de las montañas Karakorum de Pakistán, apenas es accesible, incluso hoy día, por una única carretera…

Valle de Hunza

…Sobre el extremo aislamiento de sus habitantes, un investigador británico observó en 1938: “Han preservado su distanciamiento del modo de vida de los tiempos modernos, y con ello el modo de vida que causa, o contribuye a ello, la excelente salud física y mental que les es propia.”

Valle de Hunza

Barbudo como un patriarca bíblico, un anciano y sonriente hunzakut lleva una carga sobre el hombro con la agilidad de un joven…

Valle de Hunza

Respetados por su sabiduría, los más viejos de los hunzakuts han ayudado tradicionalmente a gobernar el minúsculo estado, reuniéndose cada mañana para arbitrar disputas y establecer normas. “Siendo continuamente interpelados de este modo por sus colegas más jóvenes, conservan sus facultades mentales”, escribió el médico Alexander Leaf, que visitó el Hunza en 1971.

Valle de Hunza

En tiempo de trilla en un campo de trigo hunza, un muchacho está de pie junto a una yunta de bueyes que es pasada sobre la mies para separar el grano de la paja…

Valle de Hunza

…Acostumbrados al trabajo duro desde una edad temprana, a menudo se asigna a los niños menores la tarea de seguir a los animales que trabajan con un cesto o una perola, para recoger y guardar el preciado y fertilizante estiércol a medida que va cayendo.

Valle de Hunza

Los trabajadores que suben la colina (imagen superior) acarrean rocas y tierra para reparar con muros de albañilería las terrazas en las que crecen sus cosechas (imagen siguiente)…

Valle de Hunza

…Cuidar los campos de cereales, judías y hortalizas requiere subir y bajar constantemente por pronunciadas pendientes, lo que puede añadir años de vida a los hunzakuts, desarrollando su salud cardiovascular y evitando la osteoporosis, que debilita los huesos.

Valle de Hunza

Unos albaricoques extendidos sobre un lecho de roca para que se sequen, y usarlos después en los meses de otoño e invierno. Ricos en saludables minerales traza, los albaricoques, junto con otras frutas, son básicos en la dieta alta en fibra y baja en grasas de los hunzakuts, que incluyen una elevada proporción de verduras y cereales integrales -alimentos que se sabe contribuyen a prolongar la vida y a evitar el cáncer y las enfermedades del corazón-.

Valle de Hunza

Una mujer hunzakut ordeñando una cabra mientras su hija vigila el rebaño. La leche, conservada como queso, manteca, o agriada de modo parecido al yogur, es uno de los pocos elementos ricos en grasa en la dieta de los hunzakuts, con un contenido medio de aproximadamente dos tercios de las calorías y sólo un tercio de la grasa consumida por un americano medio, por ejemplo. Investigaciones con roedores sugieren que la restricción calórica -o la subnutrición, como es llamada- puede prolongar la vida.

Valle de Hunza

Llamada “leche glacial” por su color gris perla, el agua de la fusión de lejanos glaciares forma cascadas en un arroyo rocoso. Modernas técnicas de análisis han mostrado que esta agua oscura, cargada de arcillas -que los hunzakuts beben en grandes cantidades y utilizan para regar sus campos-, contiene la mayoría de minerales traza que son esenciales para una salud óptima.

Valle de Hunza

Como vemos, no es un mito. Caminan enormes distancias con pesadas cargas a cuestas. Sus gentes siempre se muestran amables, sociables, sonrientes… lúcidos. No conocen la depresión ni las enfermedades mentales. Llevan una vida sexual activa hasta edades muy avanzadas (llegando incluso a procrear). La mayoría de los habitantes alcanzan edades muy superiores al centenar de años, muriendo tranquilos y sin enfermedades crónicas. Sus alimentos son naturales, fundamentalmente crudos, integrales, sin refinar y sin ningún tipo de proceso para conservarlos. Alimentos producidos en campos exentos de contaminantes químicos. Toda la materia orgánica se recicla para abonar sus tierras. Todo desperdicio se aprovecha…

Curiosamente, cuando algún miembro de esta comunidad ha emigrado al “mundo civilizado”, adoptando la alimentación y el estilo de vida occidental, han sido pocos los años transcurridos necesarios para que la persona en cuestión se tornase propensa a las enfermedades propias de los pueblos modernos.

Así es el Valle de Hunza, el verdadero Shangri-la.

Juan José Jiménez Carretero | Viajero y escritor

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