El rey Arturo, ¿realidad o ficción?

El rey Arturo, ¿realidad o ficción?

El rey Arturo, ¿realidad o ficción?

En la Inglaterra de los primeros tiempos, a partir del año 54 a. de C. y durante algunas décadas, Julio César establece su dominio sobre la isla celta, debilitada por sus divisiones. La paz romana (”pax romana”) reina en Inglaterra, protegida de las incursiones que los pictos lanzan desde Escocia por un inmenso muro que el emperador Adriano hace construir en el año 122. El país prospera, se levantan ciudades, se construyen caminos, las élites se “romanizan”.

Sin embargo, el imperio se debilita. En el continente, la presión de los bárbaros se vuelve cada año mayor. En el año 367, francos y sajones intentan desembarcar en Inglaterra, pero son repelidos por las legiones romanas. Sin embargo, el movimiento es irreversible, Roma agoniza. En el año 410, el emperador Honorio llama de vuelta a las tropas estacionadas en Gran Bretaña. Abandona el país a su suerte, dejándoles a los celtas la tarea de velar por su propio destino. Comienza entonces la historia de las guerras arturianas.

El Rey Arturo con su armadura de guerra en una estatua en bronce del siglo XV que se encuentra en el cenotafio del emperador Maximiliano IHéroe de la resistencia celta a la invasión anglosajona, el rey Arturo es el personaje que inspira los más bellos relatos de los poetas medievales. Decenas de autores participan en la elaboración del ciclo arturiano. Sin embargo, el gran rey ¿es solamente un personaje de leyenda o realmente cortó algunas cabezas sajonas con su famosa espada Excalibur?

Poco después de que los romanos dejaran Gran Bretaña, los celtas, abandonados a su destino, se organizaron en una multiplicidad de reinos que pronto se querellan entre sí. Según las crónicas, uno de esos reinos es gobernado por el rey Uther Pendragon. A grandes rasgos: gracias a la astucia de su druida Merlín, Uther logra abusar de la mujer de uno de sus enemigos, la bellísima Igraine. Nueve meses más tarde nace Arturo, quien es educado por Merlín. Ya adolescente, Arturo revela su sangre real logrando zafar sin dificultad de la roca la maravillosa espada Excalibur. Une los reinos de Inglaterra y hace retroceder al invasor sajón, persiguiéndolo hasta el continente. Junto a su mujer Guenièvre (Ginebra), ejerce su reinado en la magnífica ciudad de Camelot, donde reúne alrededor de una inmensa mesa redonda a formidables caballeros: Gauvain, Kay, Percifal, Lancelot, Tristán… Sin embargo, sin saberlo, tuvo un hijo de su media hermana, el hada Morgana. Este hijo, Mordred, vuelve un día a la corte del rey y reivindica la corona. Ambos hombres se matan entre sí -luego lo veremos- y Arturo agonizante, ordena arrojar su espada a un lago: la espada mágica es entregada al hada Viviana, la “Dama del lago”, que crió a Lancelot y embrujó a Merlín…

Los autores medievales se esfuerzan, a veces torpemente, por dar al relato un toque moralista, propio del mundo cristiano. A fines de la Edad Media, los héroes sensuales y violentos de la tradición celta se vuelven piadosos y virtuosos, casi insulsos. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos de adaptación, se mantiene el carácter maravilloso del mito celta: el druida Merlín cabalgando sobre el soplo del Dragón, fuente del mundo; los juramentos hechos en Stonehenge, las intervenciones de los espíritus del bosque y de las aguas conservan toda su fuerza poética aún en plena época cristiana.

De jefe guerrero a rey
El primer autor en evocar a Arturo es el historiador Nennius, en su ‘Historia de los bretones’, redactada en el año 826, pero inspirada por un relato que se remonta a una época muy anterior. Nennius habla de Arturo como de un “dux bellorum”, es decir, un jefe guerrero independiente designado por reyes que deben unirse, pero no aceptan que uno de ellos tome el mando. La necesidad de tal unión se explica por la imprudencia del rey Guthrigen, quien pide en el año 449 a los sajones que combatan junto a él contra otros invasores bárbaros: los sajones aceptan y luego se vuelven contra Guthrigen. Entonces, para evitar ser aniquilados, los celtas se unen a Arturo. A partir del año 456 se libran numerosas batallas, hasta la gran victoria de Badon Hill situada en el año 518 por un texto de fines del siglo X, los ‘Anales galeses’ (995). Estos mismos anales ubican la muerte de Arturo en Camlann en el año 529: para ese entonces, habría tenido más de noventa años.

Cómo Mordred fue muerto por Arturo, y cómo aquél consiguió herir fatalmente a Arturo (por Arthur Rackham)En la leyenda artúrica, la Batalla de Camlann fue la batalla final del rey Arturo contra Sir Mordred, donde el monarca fue herido mortalmente. El nombre de Camlann probablemente deriva de la antigua voz inglesa Camboglanna (“orilla curva”), es decir, de un río sinuoso. Por ello algunos creen que el escenario de la última batalla bien pudo ser el fuerte romano de Camboglanna, en el Muro de Adriano, quizá la moderna Birdoswald (Banna) sobre el sinuoso río Irthing. Para otros, de acuerdo a las diferentes versiones de la mitología artúrica, la batalla tuvo lugar en Somerset o en Salisbury. Algunas fuentes dicen que la batalla fue ocasionada por un soldado que, contrariando las órdenes de su general, desenvainó su espada para matar una serpiente. A esta señal, los ejércitos del rey Arturo y de Sir Mordred salieron a la carga. La contienda se desarrolló a lo largo de una jornada entera de lucha, tras la cual, el mermado y muy inferior en número ejército de Arturo derrotó a las sanguinarias hordas de sajones de Mordred. Ambos líderes cayeron al final del día, pero Arturo, según cuenta la leyenda, fue trasladado todavía vivo a Avalon, donde aún aguarda el momento de regresar al mundo de los vivos para presentar batalla.

Fue Geoffrey de Monmouth, autor de ‘Historia de los reyes de Gran Bretaña’, escrita en el año 1136, quien desarrolló realmente las hazañas de Arturo. Hace de él un rey, introduce en su relato al fabuloso personaje Merlín y ubica todos los elementos que inspirarán a los poetas. Durante mucho tiempo, los autores ingleses consideraron su Historia una obra de referencia: aún en el siglo XIV, el cronista Ranulph Higden no comprende cómo los historiadores continentales pueden ignorar todo acerca de la incursión de Arturo hasta Roma.

“Pruebas” no del todo convincentes
Ruinas del castillo de TintagelTodavía existen muchas de las ciudades evocadas en el ciclo arturiano. Las ruinas del castillo de Tintagel donde, según cuenta la leyenda, Igraine trajo al mundo a Arturo, se levantan en un pequeño promontorio mirando al océano, al norte de Cornualles. El edificio data, sin duda, del período involucrado, sus muros fueron construidos con lajas de pizarra unidas por mortero y un torreón de piedra aún sigue de pie.

La mesa redonda llamada ‘del rey Arturo’También se ha conservado a través de los siglos una mesa redonda que durante mucho tiempo fue considerada como una prueba de la existencia de Arturo. Es un disco de roble de seis metros de diámetro, expuesto en el castillo de Winchester. Sin embargo, los análisis demostraron que la mesa data en realidad del siglo XIII y que fue repintada en el siglo XVI, bajo el reinado de Enrique VIII.

Abadía de GlastonburyGlastonbury, al sur de Bristol, en el Somerset, es otra etapa ineludible de la “arturología”. En 1191, los monjes de la abadía declaran haber encontrado en ese lugar los cuerpos de Arturo y de Ginebra. El hecho provocó gran conmoción y los dos supuestos soberanos tuvieron derecho a nuevos y grandiosos funerales. Aún podemos ver las modernas baldosas, al centro de un prado en medio de las ruinas de la abadía. ¿Cómo pudieron los monjes identificar las osamentas de Arturo, tantos siglos después de su muerte? “Gracias a su noble estatura”, responden… Argumentación que, evidentemente, no garantiza la autenticidad de los cadáveres.

Una posibilidad histórica
El rey Arturo, ¿realidad o ficción?Numerosos historiadores han intentado ubicar Camelot, la capital de Arturo, cuyo nombre proviene probablemente de Camulos, dios celta de la guerra. Se ha situado a Camelot en Cornualles, en el Somerset o en el país de Gales. Sin embargo, lo más seguro es situar la ciudad que inspiró a la leyenda en Devonshire (que limita con Cornualles al oeste y con Dorset y Somerset al este) ya que los arqueólogos encontraron en Cadbury los vestigios de poderosas fortificaciones circulares, restos de la más importante plaza fortificada de esa época que haya sido descubierta. Si un rey luchaba efectivamente en ese tiempo contra el invasor, es lógico que Cadbury haya sido su capital.

Camelot, ciudad idealizadaNo obstante, en verdad Camelot estaría en todas partes y en ninguna, ya que no es tanto un lugar histórico como una ciudad idealizada. A partir de la Edad Media se convirtió en símbolo del orden en medio del caos, del estado ideal frente a la anarquía, de la civilización frente a la barbarie. Surgió y desapareció con Arturo: nadie reinó allí antes que él, y algunos autores medievales dicen que tras su muerte, el rey Marcos de Cornualles la destruyó. Pero, al igual que el propio Arturo, es imperecedera.

Anfiteatro de CaerleonEl escritor Geoffrey de Monmouth (siglo XII) ofrece la primera descripción real de la corte de Arturo y la sitúa, no en Camelot, sino en Caerleon, al sur de Gales. (Caerleon fue sede de una importante fortaleza de legionarios romanos y se enorgullece de poseer el anfiteatro romano tal vez más bello de Gran Bretaña. En tiempos de Geoffrey aún podían verse las ruinas de las termas y de los sistemas de calefacción central; probablemente eligió esa ciudad como sede de la corte de Arturo simplemente porque la conocía bien y parecía haber sido en otros tiempos lo suficientemente esplendorosa como para ser la ciudad de Arturo. Geoffrey relata cómo Arturo celebró Pentecostés en Caerleon, en un festejo que duró cuatro días, durante el cual lucía su corona y era asistido por reyes, nobles y obispos súbditos suyos, como un rey normando de tiempos de Geoffrey. Entre los caballeros asistentes se encontraban Bedivere y Kay, y los cuatro días transcurrieron entre torneos y otros entretenimientos. Caerleon -escribe Geoffrey- estaba situada sobre el río Usk, “que corría a un costado de la ciudad, y que los reyes y princesas que llegasen de allende el mar podían remontar con una flota de navíos. En la orilla opuesta, flanqueada de praderas y frondosos bosques, habían embellecido con regios palacios la ciudad, que con los aguilones de sus tejados, pintados de oro, podía equipararse a Roma”. Su relato sobre Caerleon se convirtió en la base de las descripciones de Camelot.)

Empleado por los escritores medievales, el nombre de Camelot llevó a arqueólogos posteriores a identificarlo con otros de resonancia similar. Algunos dijeron que se trataba del Camulodunum romano, Colchester, en Essex; otros lo ubicaron junto al Tintagel, en Cornualles, cuna de Arturo, en una zona bañada por el río Camel. No obstante, y volviendo a lo comentado, el lugar que más alto proclama ser el “verdadero” Camelot es el castillo de Cadbury, al sur de Cadbury, en Somerset.

La primera persona en identificar por escrito Cadbury con Camelot fue el poeta y anticuario del Rey, John Leland (1502-1552), descrito como “el padre de la historia local inglés” y quien escribió en 1542: “En el extremo más meridional de la comarca de South Cadbury se elevaba Camallate, que fue en su día una famosa ciudad o castillo…” Sin embargo, los lugareños parecen saber muy poco al respecto, y Leland tal vez llegó a la conclusión de que era Camelot por el parecido nombre del lugar. Pero también es posible que supiese de una auténtica tradición que se remontase a siglos atrás. De todas maneras, los documentos más antiguos conocidos sobre el rey Arturo no contienen información de Camelot. Y el lugar no se menciona en absoluto hasta el siglo XII, cuando un poeta francés llamado Chrétien de Troyes (1135-1190) lo mencionó por su nombre en uno de sus poemas sobre Lancelot.

Salida del sol sobre las ruinas del castillo en el sur de Cadbury, de la que se dice es la ubicación de CamelotCon todo, Cadbury es considerada en la actualidad como la fortaleza más grande e impresionante conocida en la Gran Bretaña de aquel período, y se piensa que fue la sede de un rey que podía disponer de recursos inigualables en la Inglaterra de su época.

Contrariamente a los castillos medievales, Cadbury era simplemente una colina que había sido fortificada por los celtas con murallas de barro y fosos durante los últimos siglos anteriores a Cristo. Y las excavaciones han mostrado que el fuerte permaneció intacto durante el inicio de la ocupación romana del sur de Gran Bretaña, pero fue asaltado y tomado por los romanos dos décadas más tarde. Estos desalojaron a sus habitantes, y durante unos cuatro siglos el fuerte permaneció más o menos vacío. Cuando las legiones se retiraron, lo volvió a ocupar un jefe local bastante rico.

Hacia finales del siglo VI se construyó un edificio de madera sobre la meseta que domina el monte y se superpusieron nuevas defensas a las murallas superiores. Éstas eran muy elaboradas y evidentemente necesitaron gran cantidad de trabajo, lo cual suscitó la cuestión de quién, en aquel tiempo, podía disponer de la mano de obra necesaria. ¿Arturo? Ciertamente, después de Leland, numerosas tradiciones vincularon a Arturo con Cadbury. La más notable de todas es la que afirma que en la cima de la colina, junto a los restos del edificio de madera, había un lugar conocido como el Palacio del rey Arturo.

No obstante, lo cierto es que, a través de los siglos, los relatos sobre Arturo cautivaron de tal forma la imaginación nacional que cada región quería reivindicarlo, y muchos rasgos paisajísticos se vincularon a él. Entonces, ¿existió Arturo?

No hay duda que a fines del siglo VI las invasiones sajonas fueron efectivamente frenadas y repelidas durante un tiempo. Para obtener dicho resultado fue necesario, en primer lugar, la alianza de los numerosos y beligerantes reyes celtas. Para mantenerse, esta alianza debía tener un jefe, que no estuviera comprometido con ninguna de las partes. Tomando en cuenta su éxito militar, este jefe era sin duda un antiguo oficial romano, un hombre rendido a la estrategia y al arte de la guerra. Pudo haberse llamado Arturo.

Javier Lozano

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