El colonialismo. La expansión europea

El colonialismo. La expansión europea

El colonialismo. La expansión europea

La civilización industrial y burguesa de la Europa del siglo XIX tuvo una amplia proyección ultramarina. Esta expansión, distinta a la oleada colonizadora de los siglos XVI y XVII, revestirá formas coloniales e imperialistas y correrá a cargo de los países europeos con más sólidas estructuras sociales y económicas como Inglaterra y Francia. Las civilizaciones tradicionales de África y Asia se verán afectadas de formas diversas por la expansión europea: el Islam tardará en despertar de su letargo; la India y China verán perturbadas sus estructuras tradicionales sin beneficio alguno; Japón sabrá encontrar una síntesis entre sus valores tradicionales y la civilización europea para convertirse en la gran potencia asiática.

EL COLONIALISMO

Condiciones para su desarrollo
El colonialismo no es un fenómeno exclusivo del siglo XIX y de Europa. No obstante, actualmente se reserva este concepto para las relaciones de dominio entre los países europeos y los afroasiáticos, que se institucionalizaron en dicho siglo bajo la forma de nuevas unidades políticas (colonias, protectorados, condominios, etc.). Este nuevo colonialismo se debe a factores muy diversos.

La exploración del interior de África precedió al colonialismo: encuentro de Stanley y LivingstoneLas causas políticas tuvieron gran importancia en el comienzo de esta colonización. Muchos países, sin problemas de identidad nacional, buscan un prestigio político, ampliando su dominio en las áreas menos civilizadas de África y Asia.

Los factores económicos no pesaron hasta más adelante. Inicialmente, las colonias fueron una carga y su creación tropezó con serias oposiciones en el seno de las potencias coloniales. Pero a finales de siglo, las perspectivas cambian y se ve a las colonias como una fuente de materias primas, un área de inversión de capitales, o un mercado para la venta de los productos manufacturados de la metrópoli.

Los motivos ideológicos no tuvieron la importancia que los anteriores, pero proporcionaron razones morales al Estado para justificar, ante la opinión pública, la ocupación colonial. En los países europeos estaba muy difundida la idea de la superioridad de la raza blanca y su misión civilizadora ante las razas consideradas como inferiores. Las órdenes misioneras vieron en la expansión colonial una ocasión para extender su acción evangélica. La curiosidad científica y la creación de las Sociedades Geográficas, es un factor más a considerar.

La expansión colonial
La competencia colonial. Entrevista en Fachoda: Marchand (Francia) y Kitchener (Inglaterra)El colonialismo del siglo XIX tendrá dos protagonistas, Inglaterra y Francia. El resto de los países serán, o meros subsidiarios (Portugal, España o Bélgica) o tardíos competidores (Alemania e Italia).

Inglaterra crea un vasto imperio colonial, en parte heredado de siglos anteriores. Unas son colonias de posición, destinadas al abastecimiento de sus barcos, como Gibraltar, Malta o El Cabo. Otras son colonias de explotación, como la India o las posesiones africanas. Finalmente, las viejas colonias de poblamiento (Canadá, Australia o Nueva Zelanda) reciben nuevo impulso y se convierten a finales de siglo en Dominios o Estados autónomos, similares a la metrópoli. En las colonias de explotación, Inglaterra se preocupa más de su rendimiento económico que de la asimilación o supresión de las culturas indígenas.

Francia aseguró por la fuerza su dominio de África del NorteFrancia crea en el siglo XIX un nuevo imperio colonial, con extensos dominios en África, y fomentó la instalación de colonos europeos, pero en su imperio predominan las colonias de explotación. Al contrario que Inglaterra, Francia pretendió la asimilación de los indígenas a la cultura francesa.

El colonialismo será un factor de inestabilidad en las relaciones internacionales. La Conferencia de Berlín de 1885 acordó el reparto de África entre los países europeos.

Francia e Inglaterra se repartieron la mayoría de las áreas coloniales ocupadas en el siglo XIX

Dicho reparto no suprimió los conflictos. El colonialismo ya no es una empresa aislada de algunos países europeos, sino una competencia imperialista que desembocará en la Primera Guerra Mundial.

Consecuencias del colonialismo
La introducción de la civilización europea afectó de formas diversas a las culturas indígenas. Muchos de sus aspectos negativos desaparecieron: la esclavitud, los sacrificios humanos, la antropofagia, las enfermedades epidémicas, etc. Pero también fueron sacrificados muchos valores tradicionales: el artesanado rural, el sentido comunal de las aldeas, la solidaridad tribal, etc.

En un principio, la ocupación colonial sólo despertó la oposición de las minorías poderosas desplazadas (el brujo, el príncipe, el cacique, etcétera). Más tarde, la explotación económica del país, la uniformidad lingüística y las estructuras administrativas occidentales contribuyeron a crear una solidaridad entre las poblaciones, por encima de los lazos tribales. En una tercera etapa aparece una élite indígena, que ocupa cargos secundarios en la administración colonial, estudia en las universidades europeas, aprende formas occidentales y será la minoría que contribuya a la formación de una conciencia nacional. Este será ya un fenómeno tardío, propio del siglo XX. Antes, las escasas manifestaciones de este proceso como la revuelta de los cipayos en la India de 1858 serán meros protonacionalismos, precursores de la gran oleada descolonizadora posterior a 1945.

EL GRAN IMPERIALISMO

Concepto
El imperialismo abarca las relaciones de dominio político, económico y cultural, ejercidas por una gran potencia sobre un área determinada. Aparece con las primeras civilizaciones fluviales del Próximo Oriente. Pero los modernos historiadores denominan la época del imperialismo, o el gran imperialismo, al período comprendido entre el último tercio del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial. Esta nueva versión del imperialismo destaca porque es fruto de la confluencia de varias fuerzas históricas (colonialismo, capitalismo y nacionalismo) y conduce a las dos más sangrientas contiendas padecidas por la humanidad a lo largo de su historia: la guerra mundial de 1914-1918 y la de 1939-1945.

Factores condicionantes
Lenin y los historiadores marxistas consideran al imperialismo como una etapa superior del capitalismo. A finales del siglo XIX se incrementa la concentración empresarial y financiera. La nueva revolución industrial exige materias primas, mercados, capitales, etc. La alta burguesía presiona sobre los gobiernos para mantener este proceso de expansión. Los marcos estatales son pronto superados y las grandes potencias se ven obligadas a intensificar sus relaciones de dominio en las colonias y en los países más débiles, para conseguir privilegios comerciales, concesiones territoriales, monopolios económicos, etc.

Inglaterra celebrando el día del ImperioEl nacionalismo romántico de la primera mitad de siglo se ha transformado en agresivo y exclusivista. Desde la escuela se supervalorizan las virtudes propias y se considera a la patria amenazada siempre por los enemigos exteriores. Algunos historiadores explican este cambio por el anquilosamiento de la ideología liberal, que obligó a la burguesía a potenciar este nacionalismo agresivo, que ganó amplias capas sociales: nostálgicos de viejas glorias históricas; grupos nobiliarios aliados a la burguesía dominante; clases medias afectadas por las crisis capitalistas, que piden al Estado protección y seguridad, e incluso, sectores del obrerismo, que tienen ocasión de culpar al extranjero de sus males (como lo demostraría la impotencia del internacionalismo proletario al estallar la Primera Guerra Mundial).

El Kaiser en la conmemoración de la batalla de LeipzigEl historiador francés Renouvin da gran importancia a la política de los gobiernos, que presiona sobre las fuerzas económicas para que con sus inversiones garanticen la expansión política. Las teorías estratégicas del almirante americano Mahan, al identificar la potencialidad de un país con su poderío naval, influyeron en la expansión de los Estados Unidos. La política colonial y naval del emperador alemán Guillermo II, despertó los recelos ingleses, cuya política internacional se basó siempre en el predominio mundial de su flota. Hay a finales del siglo XIX y a comienzos del XX una contaminación imperialista que alcanza hasta a las potencias más pequeñas, que se unen a poderosos aliados para no verse cercadas y disminuidas. El resultado de este proceso será una prodigiosa carrera de armamentos y la formación de unos sistemas de alianzas, que en situaciones conflictivas límite conducirán a la guerra.

Las ideologías antiimperialistas
Pese a la generalización del imperialismo, no faltaron fuerzas contrarias, que se pueden dividir en tres grupos.

El pacifismo no consiguió evitar la I Guerra MundialHubo activas minorías de intelectuales pacifistas. La obra de la baronesa de Suttner, ‘Abajo las armas’, provocó la convocatoria de dos ineficaces conferencias de desarme en 1899 y en 1907, aunque de ellas saliese la creación del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. En los países anglosajones tuvieron gran difusión las asociaciones pacifistas, que consiguieron la reunión anual de un Congreso Universal de la Paz.

El obrerismo internacional también se manifestó opuesto a la política imperialista y a la guerra. Pero, ni en el Congreso de Stuttgart de 1907, ni en los posteriores, lograron encontrar los medios para frenar al imperialismo. Cuando la guerra estalló, el obrero se sintió más solidario de su patria, que de la paz universal.

Tampoco las religiones, pese a sus exhortaciones a la paz, pusieron serios obstáculos a la competencia imperialista. La mayoría de las Iglesias estaban insertas en sus respectivos marcos nacionales, y no se salieron de ellos. La fuerza del papado era meramente espiritual y las manifestaciones pacifistas de León XIII y de Pío X cayeron completamente en el vacío.

LAS CULTURAS AFROASIÁTICAS Y LA EXPANSIÓN EUROPEA

El mundo musulmán
Los países de civilización musulmana constituían en el siglo XIX una extensa comunidad desde la costa atlántica de Marruecos hasta el valle del Indo y el Turquestán. La fe musulmana seguía viva a nivel de devoción popular, como lo demuestra la proliferación de cofradías y la muchedumbre de peregrinos que anualmente se dirigía a la Meca. Pero a nivel intelectual, el Islam se había anquilosado por las discusiones formalistas de los ulemas y había sido incapaz de incorporar los progresos del pensamiento occidental.

La economía de los países musulmanes permanecía al margen de las revoluciones económicas, que se estaban produciendo en Europa. El campo persistía en una rutina secular y en sistemas de propiedad semifeudales. La industria se reducía a un artesanado rural. El comercio, escasamente abierto a Occidente, estaba en decadencia y la piratería, más que una excepción, constituía un género de vida.

La penetración francesa en el norte de África fraccionó al mundo musulmánEn el plano político, la unidad del Islam se resquebrajaba ante los nacionalismos y la expansión colonial europea. El imperio otomano, la fuerza política más poderosa del Islam, seguía siendo una colosal superestructura militar que dominaba sobre súbditos de tres religiones. En este imperio se aprecian tres fuerzas disgregadoras: los nacionalismos balcánicos, el nacionalismo religioso de los wahabitas de Arabia (defensores de la pureza del Islam) y el separatismo egipcio, alentado por los occidentales. Los musulmanes del norte de África se disgregarán ante la penetración colonial francesa. Persia se verá impotente ante la influencia de los rusos en el norte y de los ingleses en el sudeste. En cuanto a las comunidades musulmanas de India y China tendrán que sufrir el doble embate de las religiones hostiles y de la acción colonial europea. Esta incapacidad cultural, económica y política para resistir la presión occidental, provocará algunos intentos de reforma de escasa importancia. Será en el siglo XX cuando el Islam despierte y aliente poderosos movimientos históricos de reforma.

La India ante la dominación inglesa
A principios del siglo XIX, Inglaterra domina a la India. El país es extenso y variado. Sucesivas oleadas invasoras han depositado en el país razas, lenguas y tradiciones diversas. Esta heterogeneidad le entregará indefenso ante la penetración occidental. Ciertas costumbres repugnan a la mentalidad europea: suicidio de viudas, asesinatos rituales, etc. Pero la India conserva ciertos valores como la unión de agricultura y artesanado o la estabilidad y seguridad de la comunidad aldeana, que se hace responsable de la subsistencia de sus miembros.

Grabado satírico alusivo a la proclamación de la reina Victoria como emperatriz de las IndiasLa Compañía de las Indias Orientales gobernó de manera despótica y abusiva hasta el 1858, fecha en que fue disuelta con motivo de la revuelta de los cipayos. La India se convirtió en un dominio gobernado por un virrey. Este proceso culmina con la coronación de la reina Victoria como emperatriz de la India en 1876.

Los caciques indígenas colaboraron a veces con el colonialismo europeoEl dominio de la India no fue difícil porque Inglaterra utilizó para su gobierno a las antiguas clases dominantes. Los príncipes, los zamindar (antiguos recaudadores de impuestos) y los rayats (terratenientes del sur) se encargaron de la percepción de los tributos para la potencia colonial. De la administración se encargaron los funcionarios del Indian Civil Service, en gran parte indígenas formados a la europea. El sometimiento se completa con la utilización de fuerzas indígenas, empleadas fuera de sus lugares de origen.

La explotación económica se realiza en beneficio de la metrópoli. Se protegen los cultivos comerciales: té, algodón, quina. Se introducen manufacturas inglesas, que arruinan al artesanado indígena. Se crean las primeras industrias y se traza una completa red de ferrocarriles para una mejor explotación del país. Pero el capitalismo inglés no evitó las hambres tradicionales, porque impulsó los cultivos de especulación en perjuicio de los alimenticios y destruyó la comunidad aldeana tradicional, al introducir el régimen europeo de propiedad para pagar los impuestos.

La India se resistió por las armas a la penetración inglesaLa primera resistencia importante al dominio inglés fue la rebelión de los cipayos, o soldados indígenas, en 1857. Fue una rebelión de todas las fuerzas tradicionales: cipayos, príncipes, artesanos y campesinos. Su heterogeneidad y su falta de coordinación determinó su fracaso. Las fuerzas tradicionales demostraron su incapacidad para dirigir un movimiento nacional.

La rebelión de los boers hizo peligrar el dominio inglés en África del SurA partir de ahora la resistencia toma distinto carácter. Los intelectuales, funcionarios y burgueses se aproximan a los dominadores y hacen del inglés el vehículo de unión nacional. En 1885 se funda el Congreso Nacional Indio, que pide una mayor participación en la administración. Esta fase liberal evolucionará a finales de siglo hacia formas más activas y populares, precursoras del moderno nacionalismo.

La resistencia china a la penetración europea
A principios del siglo XIX gobernaba en China la dinastía Manchú, que poseía un vasto imperio con más de 400 millones de habitantes. El país carecía de una conciencia nacional y predominaban los regionalismos. Sin embargo, los chinos se consideraban poseedores de una civilización antiquísima y superior a la de los bárbaros de Occidente. Administraba al país una burocracia de mandarines, ineficaces y corrompidos, escogidos después de complicados exámenes sobre textos filosóficos y morales.

La actividad económica fundamental era una agricultura intensiva, auténtica jardinería, conseguida por la acumulación de trabajo humano. Los sistemas de propiedad abarcaban desde un feudalismo de nobles y pagodas, hasta la pequeña parcela familiar. Tanto en uno como en otro caso, el campesino estaba frecuentemente en manos de usureros. Existía un artesanado, transmitido de padres a hijos, y algunos de sus productos, como las porcelanas, eran muy buscados por los comerciantes occidentales.

La Gran Muralla, símbolo del aislamiento de China y de su secular hostilidad a la penetración extranjeraChina estaba en plena decadencia: rutas y canales mal cuidados, hambres e inundaciones frecuentes, corrupción administrativa, etc. La respuesta popular a este estado de cosas fue la revuelta campesina y las sociedades secretas para derribar a la dinastía Manchú.

China, poseída de su superior cultura, era hostil a la penetración extranjera. Pero su extensión, su exotismo y sus productos artesanos atrajeron a los europeos. Los ingleses empezaron a realizar un provechoso contrabando al intercambiar opio, producido en la India, por el té chino. El intento del gobierno chino por acabar con este contrabando dio lugar a la primera guerra del opio, finalizada con el Tratado de Nanking de 1842, que supuso a Inglaterra la adquisición de Hong-Kong y la apertura de cinco puertos. Otras dos guerras del opio (1856 y 1858) ampliaron la penetración a franceses y americanos.

Las guerras coloniales y las revueltas populares del s. XIX liquidarán la China imperial de la dinastía Manchú y originarán su occidentalizaciónLa humillación de China y la impotencia de la dinastía Manchú desataron amplias sublevaciones populares: la revuelta campesina de los Taiping en la China Central (1851-1864); el motín rural de los Nian en el Norte (1851-1868) y los levantamientos musulmanes del suroeste y del noroeste (1855-1873). Estas sublevaciones sólo pudieron ser dominadas con la ayuda de las tropas europeas.

El intento de la dinastía Manchú por liberarse de la tutela extranjera la condujo a dos derrotas sucesivas: por Francia en 1885 y por el Japón en 1895. Estas derrotas provocaron la última gran revuelta popular, la de los boxer, en 1900, que originó una matanza de extranjeros. Dominada por las fuerzas internacionales fue el final de las esperanzas de reforma a cargo de las fuerzas tradicionales.

La occidentalización de China va a partir de burgueses, intelectuales, obreros, etc. En 1894, Sun Yat Sen fundó la Unión para el renacimiento de China con un programa de modernización inspirado en Occidente. En 1912 se proclamará la República, pero las fuerzas tradicionales impedirán la renovación de China, que no vendrá hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

La occidentalización del Japón
Asombro japonés ante los barcos europeosJapón también vivía aislado de Occidente al comenzar el siglo XIX. El país estaba dividido en cerca de 300 feudos. Había una rígida jerarquía social: el Emperador, mero poder simbólico; el Shogun, verdadero jefe de Estado; los daimyos o señores feudales, los samuráis o casta militar y en los últimos lugares de la escala, comerciantes, artesanos y campesinos. Su economía estaba al margen de las revoluciones habidas en Occidente. Pero, al contrario que en China, había fuerzas deseosas de cambio: samuráis descontentos por el fin de las guerras feudales, daimyos conscientes de la decadencia y comerciantes emprendedores (Mitsui y Mitsubishi), que habían desarrollado un capitalismo interno. A esto se une la devoción popular al emperador.

El mapa nos muestra el imperialismo en el este de AsiaEn 1853, la escuadra americana del comodoro Perry obliga a abrir los puertos al comercio. Ante este acontecimiento, las fuerzas renovadoras emprenden la reforma: los daimyos del sur deponen al Shogun y entregan todo el poder al joven emperador Mutsu-Hito en 1868, que inicia la llamada era Meiji (época de la luz). Se moderniza el Estado con leyes, burocracia y ejército a imitación de Europa. El Estado y las familias capitalistas tradicionales sientan las bases de una economía moderna. Se envían misiones para asimilar la técnica occidental. Esta tarea se realiza sin merma de los valores tradicionales: los feudos se convirtieron en prefecturas y daimyos y samuráis pasaron a formar parte de los cuadros superiores de la administración y del ejército.

La era Meiji fue una revolución desde arriba, que no cambió a fondo las estructuras sociales: la fiscalización siguió recayendo principalmente en los campesinos y la devoción del pueblo al emperador permitió disponer a la nueva industria de mano de obra barata y disciplinada. La occidentalización del país y el aumento de su población le condujeron a participar en la expansión imperialista europea en Asia, para la que por su idiosincrasia y su proximidad geográfica estaba mejor preparado que europeos y americanos.

Carmen Conesa | Historiadora

Temas: , , , ,

Posiblemente también le interesará:


Un comentario para “El colonialismo. La expansión europea”

  1. Marco dice:

    Yo creo que esta página está muy bien, solamente que le falta resumir para no leer tanto, pero está excelente. Gracias, pude hacer mi tarea.

Deje un comentario

Calendario

Junio 2017
L M X J V S D
« Jul    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Otros sitios

  • Mimub
  • República Móvil
  • Hotel Club


  • Anuncios


    Iniciar sesión | BlogNews Theme by Gabfire themes | Todos los derechos reservados - Aviso legal y Aceptación uso de cookies