Croiset, detective psíquico

Gerard Croiset, un vidente que resolvía casos policiales

Gerard Croiset, un vidente que resolvía casos policiales

Los casos criminales y las desapariciones de personas atraen frecuentemente a videntes deseosos de ayudar a la policía a resolverlos. Pero ninguno de ellos ha alcanzado la notoriedad y la eficacia del holandés Gerard Croiset (1909-1980), que durante treinta años llevó una extraña existencia como conejillo de laboratorio, curandero y consultor voluntario en los casos de desapariciones de personas, accidentales o criminales.

Nacimiento de un detective psíquico
Gerard CroisetLos poderes paranormales de Gerard Croiset se manifiestan desde que tenía seis años de edad y se mantienen durante toda su infancia, desdichada y marcada por una salud deficiente. Y es que Croiset fue un niño infeliz. Sus padres, ambos de origen judío, eran actores de teatro que se pasaban la mayor parte del tiempo inmersos en continuos viajes, por lo que el pequeño Gerard pasó los primeros años de su vida ignorado y mal atendido en casa de familiares. Con apenas ocho años sus progenitores se divorciaron, yendo a parar entonces a un orfanato y distintas casas de acogida donde su realidad personal todavía empeoró. Esta situación provocó en él profundos sentimientos de inseguridad y abandono, conduciéndole a una existencia desgraciada. Convivió con seis parejas distintas de padres adoptivos, más tanto maltrato emocional recibido, lo convirtieron en un chico resentido y agresivo. Uno de sus padres, no encontrando mejor forma de controlarlo, incluso le llegaría a encadenar a un poste. Tampoco comía, por lo que extremadamente desnutrido padeció de raquitismo; y en esas circunstancias, pasaba la mayor parte del tiempo en soledad, apartándose de todos y dedicándose a hablar consigo mismo. Como evasión a tan dura realidad, se aplicaba a escribir a personas a las cuales nunca había conocido y hablar de lugares que nunca había frecuentado. ¿De dónde tomaba las direcciones? Nadie lo sabe, más no eran personas ficticias, porque con frecuencia recibía respuesta, y estas provenían de muy distantes lugares. Se comenta, además, que Croiset se sentía rodeado de personajes creados por su propia imaginación. Ese soñar despierto, sumado a sus continuas relaciones telepáticas con las demás personas, fueron los primeros signos de sus dotes paranormales. Frecuentemente lo castigaban por hablar de sus visiones. A los trece años dejó el orfanato y los estudios y comenzó a desempeñar una serie de oficios de bajo nivel y mano de obra no cualificada. Más tarde se casaría con la hija de un carpintero con la que llegó a tener cuatro hijos, y puso una tienda de alimentos que no supo bien administrar. Nada, pues, a pesar de su extraña cualidad, hacía presagiar que su vida fuera a ser diferente a la de cualquier mortal con una marcada desdicha, pero el momento decisivo de su vida llegó en 1935, cuando un cliente, conocedor de sus dotes, le presentó a unos espiritualistas locales que le ayudaron a desarrollar sus facultades psíquicas y con los que aprendería a interpretar aquellas visiones que se le presentaban en forma simbólica.

De 1937 a 1940 trabaja localizando personas, objetos y animales. Por aquel entonces también manifiesta la habilidad de sanar con las manos, y así es que se ocupa de tratar soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial. Después del conflicto, durante el cual es encerrado en dos oportunidades en un campo de concentración, se convence de que su talento de clarividente puede, por fin, dar algún sentido a su hasta entonces triste vida. Movido por la curiosidad, un día asiste a una conferencia dada por un famoso parasicólogo, el profesor Tenhaeff, de la Universidad de Utrecht, uno de los pioneros de la investigación psíquica en el mundo occidental, y le propone servirle de sujeto de experimentación. Tras varios meses de pruebas, Tenhaeff concluye que Croiset es uno de los psíquicos más notables que ha conocido, por lo cual decide apoyarlo y promoverlo ante la comunidad internacional, logrando que parasicólogos de todo el mundo acudan a conocer sus proezas.

Gerard CroisetY así comienza una asociación ininterrumpida entre ambos hombres. En marzo de 1949, la justicia holandesa pide al profesor Tenhaeff que envíe a alguno de sus médiums al tribunal de Hertogenbosch para ayudar en un tenebroso asunto de asesinatos de menores. Antes de llegar al tribunal, Croiset hace a Tenhaeff un resumen indicando las grandes líneas del caso. Los detalles que entrega, todos verdaderos, aunque no conducen a la condena del principal sospechoso, asombran a los jueces y a los policías, quienes no dejarán de pedir su ayuda hasta su muerte.

Gerard CroisetAsí, resolvió crímenes por lo menos en media docena de países, localizó documentos perdidos para oficiales públicos y ayudó a eruditos a identificar artefactos y manuscritos históricos. Aún cuando fue solicitado por la policía (Interpol, FBI…) de lugares lejanos, pagó él mismo sus gastos de viaje y siempre rehusó hacer predicciones acerca del mercado bursátil, o la banal adivinación del ganador de una carrera de caballos, por ejemplo. Croiset no aceptaba pagos por sus visiones psíquicas, aunque sí aceptaba donaciones para su clínica de curaciones, donde trataba más de cien pacientes por día. Al ver a un paciente, instantáneamente sabía si lo podía o no ayudar y de qué manera. Algunas veces veía que las condiciones o enfermedades tenían un origen psíquico, asociado con experiencias pasadas. Ocasionalmente trataba también animales enfermos.

El “test del asiento”
Durante más de veinte años, el profesor Tenhaeff sometió a Gerard Croiset a un experimento específico y repetitivo destinado a demostrar sus talentos precognitivos. Se trataba de adivinar de antemano quién ocuparía un asiento determinado durante un encuentro público importante.

Una semana antes de dicha reunión, Croiset anotaba sus impresiones en un papel y, luego, el día mismo y sin que se hubiera revelado el número del asiento escogido, los espectadores se sentaban donde querían o recibían al azar las entradas numeradas. Una vez que la puerta se cerraba, se leía al público la predicción del vidente. Si no había visto nada, en general era porque el asiento estaba vacío. La mayoría de las veces su predicción era tan exacta que incluso llegaba a revelar detalles de la vida privada de esa persona o a describir a sus conocidos en la sala.

Un vidente telefónico
Gerard CroisetEntre los centenares de casos en los cuales intervino Gerard Croiset, hay dos que resumen muy bien sus dones de vidente excepcional. El primero sucedió en febrero de 1961 cuando una niña de cuatro años, Edith Kiecorious, desaparece en Nueva York (USA). La policía de la ciudad, que sospecha que ha sido raptada por una mujer que viajó enseguida a Chicago, solicita la venida del holandés. Pero él rehúsa y pide, en cambio, una fotografía de la niña y un plano de Nueva York. Por teléfono, les revela que la niña está muerta, describe con toda precisión el lugar en donde fue vista con vida por última vez, así como al asesino. Sobre esta base, confirmada por otras fuentes, la policía abandona la pista de Chicago y vuelve a buscar en Nueva York en el barrio descrito por Croiset. Finalmente encuentra el cuerpo torturado de la niña y también al asesino, que corresponde exactamente al retrato entregado por el vidente.

En abril de 1963, un joven desaparece en La Haya. Croiset, consultado nuevamente por teléfono, dice que ha muerto ahogado y que se encuentra cerca de un puente. El 19 de abril, describe con mayor precisión el lugar en donde se ahogó, pero revela que el cuerpo ha derivado en las aguas y que será encontrado el martes siguiente dos puentes río abajo. Los diarios de La Haya publican esta información y el día señalado, el 23 de abril, se encuentra por fin el cuerpo en el sitio indicado por Croiset.

Un médium frente a las candilejas
Aunque su fama mundial le produce enorme satisfacción, insistir en que Croiset no obtiene ninguna recompensa pecuniaria de su talento. Reparte su tiempo entre su casa, transformada en una especie de consultorio médico, donde ejerce su don de curandero, y el laboratorio del profesor Tenhaeff, donde sus facultades de precognición son examinadas continuamente a lo largo de los años. Croiset cuenta que sentía una vibración que le inundaba por dentro y que sus visiones le llegan bajo la forma de imágenes y que lo ayuda muchísimo la presencia de un objeto que haya pertenecido a la persona desaparecida. Por extraño que parezca, estas imágenes, que son en blanco y negro cuando la persona está viva, se vuelven de color si ésta ha muerto. Sucede a veces que tales imágenes (las cuales giraban hasta formar cuadros definidos que parecían dispararse contra él como de una película tridimensional se tratase) tienen una realidad tan sobrecogedora que le dejan tan atónito como conmovido. Prefiere ocuparse de desapariciones accidentales más que de los asesinatos, porque tiene temor de acusar a alguien inocente por error, pero los archivos demuestran que su éxito para encontrar a las víctimas alcanza un 80 por ciento de los casos, aunque el propio Croiset dijo que en un 90 por ciento de los casos de asesinatos que ha investigado no ha podido descubrir al culpable a pesar de entregar indicios importantes a la policía.

Gerard CroisetComo curiosidad, el vidente holandés se interesó también por el misterioso triángulo de las Bermudas.

Otros casos (que ayudaron a la policia): El asesino estaba en el sueño
Un aspecto desconocido de la interacción entre los fenómenos psicológicos y las actividades de la policía lo constituye lo que se podría llamar “la denuncia onírica”. Se trata de un fenómeno raro, pero que muestra hasta qué punto el mundo de los sueños sigue siendo un terreno desconocido…

Sedán Dodge al que Hotelling pintó de negro (originalmente azul) para cubrir su rastro a la policíaEl sádico de Michigan. El 12 de enero de 1928, cerca de Mount Morris, en Michigan, se encuentra el cuerpo violado y atrozmente desmembrado de una niña de cinco años, no muy lejos del lugar en donde se había atascado en el lodo un automóvil. Ahora bien, un hombre había ayudado al conductor a salir de allí y entrega detalles bastante precisos de éste y del auto, pero la policía no logra encontrar a ninguno de los dos.

Harold Lotridge (delante) y el hombre que vio en su sueño, Adolph Hotelling (al fondo)El pánico cunde en el Estado y el día del entierro de la pequeña víctima, el 16 de enero, el joven Harold Lotridge se despierta bruscamente a unos cincuenta kilómetros de allí con el nombre del asesino grabado en la mente. Se trata de Adolph Hotelling y es un hombre muy devoto a quien él conoce. Pero es efectivamente el asesino y reconoce haber cometido otros dos crímenes similares. En este caso, podría tratarse de una asociación inconsciente entre la información leída en los periódicos y una persona conocida, lo que no es igual a los dos casos siguientes.

El muerto denuncia al asesino. El 10 de enero de 1942, en Wadley, Georgia, se encuentra el cadáver de W. C. Smith detrás de unos matorrales, asesinado de un disparo de fusil. Dos semanas después, la investigación está todavía estancada. La hija de la víctima, de ocho años de edad, cuenta que su padre ha venido en sueños a revelarle las circunstancias de su asesinato, el nombre de sus tres asesinos y el lugar donde han arrojado el fusil y su billetera vacía. La policía la encuentra y termina por capturar a un negro y dos blancos de quienes no había sospechado hasta entonces.

El cadáver escondido en el heno. En la primavera de 1955, también en Georgia, pero esta vez cerca de la ciudad de Sylvester, desaparece una mujer llamada María Cooper. A pesar de las búsquedas, es imposible encontrarla. El tiempo pasa, hasta que una mañana una joven llamada Ella Weston entra a la oficina del sheriff y le cuenta que ha soñado dos veces durante la misma noche un sueño terrible en el cual ella entra en una casa en ruinas y descubre, bajo el heno, el cadáver mutilado de una mujer. El sheriff y sus ayudantes encuentran finalmente el cuerpo en el estado descrito por Ella Weston, bajo el heno en una vieja casa, y en efecto, el marido no tarda en confesar su crimen.

Javier Lozano

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