Durante su paso por París, entre 1758 y 1760, se conoce al sorprendente conde de Saint-Germain. Tanto en los salones de la capital como en las cortes de Europa, circulan rumores insensatos acerca de su edad: ¡tendría más de tres mil años, habría conocido a Jesucristo, sabría fabricar diamantes y volverse invisible!
A comienzos del siglo XX existió en Alemania un caballo que podía leer, efectuar operaciones matemáticas y mostrar un profundo conocimiento de los asuntos políticos mundiales. O así parecía. El caballo fue conocido con el sobrenombre de Hans el Listo. Delegaciones de eminentes científicos examinaron aquella maravilla equina y la consideraron auténtica.
Cuando la búsqueda de fantasmas atrajo la atención del genio científico Thomas A. Edison, que cuenta entre otros logros la introducción de la luz eléctrica y la invención del fonógrafo, el mundo entero prestó atención a la noticia. Edison, al parecer, estaba trabajando en un aparato con el que esperaba que los espíritus se comunicaran con los vivos.
Pese a las lógicas burlas que suscitan algunas de las pretensiones más descabelladas (generadores de experiencias visionarias, vehículos de iluminación mística…), parece indudable que la forma piramidal guarda relación con ciertos fenómenos curiosos, en particular cuando esa forma reproduce a escala las proporciones de la Gran Pirámide de Keops.
En verano de 1921 el británico Alfred Watkins, abogado y dueño de una destilería, paseaba a caballo por las colinas Bredwardine de Hereford cuando tuvo la súbita intuición de que un gran número de yacimientos arqueológicos, iglesias, montes, monolitos, etc., parecían estar dispuestos en línea recta, y se le ocurrió que todo el país estaba recubierto de una red de…