Capitalismo vs Socialismo (2ª Parte)

Capitalismo vs Socialismo (a través de la Historia) IIª Parte

Capitalismo vs Socialismo (a través de la Historia) IIª Parte

(…) Y comienzan a promulgarse leyes de carácter social sobre horarios máximos, salarios mínimos, desempleo, libertad sindical, derecho de huelga, seguros de paro, invalidez y vejez… Era un nuevo capitalismo. (Ir a la 1ª Parte)

NEOCAPITALISMO Y MULTINACIONALES

Las soluciones: liberales o autoritarias
La crisis del 29 provoca en Estados Unidos el proteccionismo estatal para superar el hundimiento económico y la adopción de leyes sociales. En Europa ocurrirá lo mismo. El Frente Popular francés consigue vacaciones pagadas, convenios colectivos y, por primera vez en la historia, la semana de cuarenta horas. En Inglaterra, donde el Laborismo tenía ya una gran fuerza, el economista Keynes elabora la tesis de la economía contemporánea, viniendo a consagrar las medidas que se estaban tomando: Leyes sociales e intervencionismo estatal.

Los regímenes autoritarios, mientras tanto, en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, han establecido una economía de autarquía y de un feroz control por parte del Estado, de las libertades individuales. Ello les va a permitir sortear la crisis económica fanatizando el sentimiento nacionalista de sus respectivos pueblos, como luego veremos. Se favorece la industria pesada y se crea la teoría del espacio vital y de la superioridad racial. Una industria de guerra y un rígido corporativismo encauza todas las energías de estos países. Alemania, a partir de la subida al poder de los nazis corta el pago de las indemnizaciones de guerra, instaura de nuevo el servicio militar y comienza una serie de anexiones fronterizas. En 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, en la que entrará el Japón, junto a las potencias del Eje, para consolidar su imperio en el Oriente asiático y pacífico.

El liderazgo norteamericano
Acabada la guerra en 1945, Europa aparece arrasada. Si después de la primera guerra todavía tenía un superávit de 4.000 millones de dólares, en 1947 tiene un déficit ya de 1.400 millones. América, que no ha sufrido en su territorio, apoyada en ingentes recursos naturales, aparece como la dueña del mundo. Las democracias occidentales deben a Estados Unidos, por préstamos de guerra, 50.592 millones de dólares.

Norteamérica provoca la conferencia de Bretton Woods, que establece el patrón oro y el carácter de divisa internacional para el dólar (Estados Unidos poseía el 63,3 por 100 de todo el oro mundial). En 1947 se establece el Plan Marshall para la reconstrucción económica de Europa que se ve inundada por una riada de dólares. El plan tiene un doble fin: crear un mercado para la enorme producción industrial de Estados Unidos y frenar la expansión del comunismo que, también triunfante en la guerra, se ha apoderado de toda Europa oriental en 1946, implantándose en China en 1949 y extendiéndose por Asia (Corea, Vietnam…).

A partir de este momento, las empresas norteamericanas (y después, tímidamente, alguna europea) se lanzan a una expansión internacional por todo el mundo, en busca de materias primas, mano de obra barata, evasión de impuestos y creación de mercados. Era un movimiento que ya había empezado en el período de entreguerras (la Royal Dutch Shell anglo-holandesa o la Standard Oil norteamericana) y que ahora se consolida definitivamente. Surgen grupos de empresas (trust) o asociaciones para fijar precios y condiciones de venta (cártels). Las naciones establecen acuerdos de trueques o sistemas de clearing y los tentáculos de las sociedades multinacionales se extienden.

Socialismo y neocapitalismo
Los socialistas europeos desde 1945 entran en el juego electoral y suben al poder en muchos países. Así, muchas de sus tesis se concretan en disposiciones de seguridad social, cogestión empresarial, convenios colectivos. Técnicos en economía (los tecnócratas) dirigen la acción del Estado; surgen planificaciones, nacionalizaciones de industrias-base, reformas fiscales para una mejor distribución de la riqueza, presupuestos del Estado “beligerantes”, que contribuyen a equilibrar las tensiones socioeconómicas. El comunismo subversivo y revolucionario pierde, para muchos, su razón de ser. Es un neocapitalismo que eleva el nivel de vida y disminuye el rigor de la crisis. La de 1956-59 puede ser conjugada, la que comienza en 1974 lo será también.

Las multinacionales
Las empresas multinacionales han establecido un nuevo poder. Trescientas empresas controlan la cuarta parte del total mundial de la producción, el 30 por 100 del comercio y el 60 por 100 de las exportaciones. De 1961 a 1968 el volumen mundial de negocios pasó de 200.000 a 400.000 millones de dólares.

Principales potencias del mundo en algunas producciones básicas

El gráfico nos muestra el lugar que ocupaban en aquella época las principales potencias del mundo en algunas producciones básicas. Obsérvese la primacía americana, seguida a la zaga por la U.R.S.S.; el destacado lugar del Japón; la aparición (reciente) de China, con sus enormes posibilidades de futuro; y la situación de las viejas potencias europeas cuyas opciones irán disminuyendo de no lograrse la unidad.

Las 20 primeras multinacionales del mundo en 1971

No son precisos añadir comentarios para comprender la fuerza de las multinacionales (y a qué país corresponde, en definitiva, este poder gigantesco). Su poder llega a provocar guerras, como la United Fruit en Centroamérica (la U. F. controla el 95 por 100 de la producción agrícola de Honduras y en Guatemala es la dueña de la única vía férrea, del único telégrafo y del único puerto sobre el Atlántico). Empresas como la Kennecott o la Anaconda han sido las dueñas del cobre chileno y la I.T.T. intervino en la caída del régimen de Allende en Chile. La Unión Minera de Katanga provocó una dura guerra civil en el Congo. La mayoría de estas empresas (como la poderosa I.B.M. o las “siete hermanas” dueñas del comercio petrolífero) son norteamericanas.

LA CONSOLIDACIÓN DE LOS SOCIALISMOS

El comunismo soviético
LeninLenin tuvo que buscar soluciones concretas para Rusia. Tuvo que realizar el primer socialismo aplicado. Tuvo que apartarse de las tesis de Marx. Surge así el marxismo-leninismo. Pero sería Stalin (de 1924 a 1953) el verdadero autor de la obra. Stalin concibió un comunismo nacional capaz de atraer al pueblo ruso con una nueva moral, una mística revolucionaria. La hoz y el martillo. La gran bandera roja. El gesto triunfante de Lenin. Todo ello nos habla del éxito del sistema comunista en un país que recogió pobre y atrasado. Y que por ello no dudó en perder, a cambio, el bien precioso de la libertad.

Se anula por completo la propiedad privada de los medios de producción. La agricultura se organiza a base de “sovjoses”, granjas del Estado, y “koljoses”, granjas cooperativas. Sólo se permite a los campesinos un pequeño huerto familiar, alguna cabeza de ganado menor, o algún apero. Todo el peso del esfuerzo soviético, sin embargo, se vierte hacia la industria. Hay que conseguir la autonomía industrial, crear una industria de base, una industria pesada. La producción es planificada por el Estado, sin iniciativa privada. Se crea el Gosplan, con 11 comisiones especializadas en planes de cinco años (los planes quinquenales) que se dirigen hacia un doble objetivo: para cada campo de la economía y para cada región de la U.R.S.S. Por razones técnicas, no empresariales, pues todas las industrias son estatales, se organizan en trust, cuando son de la misma rama de producción y en combinados, cuando abarcan diversas ramas. Plan tras plan, en la nueva política económica de Stalin, el ascenso económico es impresionante. Se eliminó el ahorro y la herencia. Hay enormes almacenes (los Gum) para un mercado insípido de productos en serie…

Pero este sistema rígido y totalitario, cuya columna vertebral es una todopoderosa burocracia, consigue una profunda industrialización básica: la erradicación de la miseria y el analfabetismo, un modesto, pero general nivel de vida, buenos servicios públicos (urbanismo, transporte…) y la unión nacional de todo el país en torno al sistema. Ello explica la fortaleza de la Unión Soviética resistiendo el empuje de los ejércitos nazis (a diferencia de lo ocurrido en la Primera Guerra Mundial) y el orgullo tras la victoria.

Cartel de propaganda militarista, obsesión de una U.R.S.S. siempre creyéndose amenazadaDespués de la Segunda Guerra Mundial y la muerte de Stalin, Kruschef suavizará el centralismo autoritario y la severidad policial. Se establecerán planes septenales donde se atenderá ya a la industria ligera y a los bienes de consumo. Se abordarán, a partir de 1970, planes de expansión regional. La emulación del nivel de vida americano activará un mayor dinamismo en el comercio internacional de la U.R.S.S. En el interior se permitirán pequeñas tiendas o talleres artesanos. Se introducirán tímidamente modos de propaganda occidentales. Aun soportando frecuentes desequilibrios agrícolas, la Unión Soviética se convertirá en la cabeza de medio mundo, pisará los talones a Estados Unidos en potencia industrial (posee también ingentes recursos naturales) y llegará, incluso, a sobrepasarla claramente en la carrera espacial.

El comunismo maoísta
Las concentraciones del partido o de los ‘guardias rojos’ se repiten una y otra vez en ChinaEl comunismo chino elaborará también su propia teoría nacional y, como en Rusia, el marxismo necesitará también un adjetivo definitorio y se llamará maoísmo. Sin desdeñar la industria, el comunismo chino intentará la colectivización total agraria. El campo se organizará en comunas, en donde trabajarán sin descanso hombres y mujeres. Se romperá la estructura familiar patriarcal. Todos, sea cual sea su profesión, deben trabajar con sus manos, durante largas temporadas, en prestaciones obligatorias. Es un gigantesco esfuerzo nacional basado en la ingente mano de obra china, en su paciencia y su sacrificio. Se realizarán, a brazo, grandes obras, presas, ferrocarriles y fábricas. Es una mística, cuasi religiosa, cuyo evangelio es un librito de máximas sencillas: el libro rojo, de su líder, Mao Zedong.

Aplicaciones socialistas
En Europa, donde los partidos socialistas se habían separado del comunismo leninista a partir de la Tercera Internacional, el socialismo se incluye dentro del sistema capitalista que acepta la división del campo económico en tres sectores: nacionalizado (según los países: Ferrocarril, Correos, Telégrafos, Televisión, algunas industrias básicas, como el petróleo o el cobre…), controlado (en general, toda la estructura del sistema) y libre (artesanía, comercio, transportes…, aunque siempre bajo la sumisión a normas estatales). Los estados organizarán planes de desarrollo, crearán bancos centrales y cierta estatalización del crédito, nacionalizarán empresas extranjeras, fundarán entidades estatales para fomentar industrias poco atractivas al sector privado… El régimen fiscal se perfecciona frenando los impuestos indirectos y aumentando los de las rentas del trabajo y el capital, así como las transmisiones y herencias. Los presupuestos estatales inciden, remodelándolas, en las actividades económicas.

Países nuevos, nacidos de la colonización, aceptan premisas socialistas (la Libia de Ghadafi, el Egipto de Nasser, Siria, Irak…) y las leyes protectoras del mundo laboral se multiplican a escala universal.

Países de típico capitalismo, como Israel, aceptan la socialización para una gran parte del sector agrícola, a través de los Kibbutzim, granjas cooperativas, donde se experimenta una agricultura planificada, generalmente por jóvenes que viven en régimen de comuna.

La única oportunidad de los pobres (a manera de conclusión en esta comparación histórica de ambos sistemas)
Antes de la Revolución Industrial y el nacimiento del capitalismo, los más ricos lo eran siempre por herencia. Las clases sociales eran compartimentos estancos de los que no se podía salir aunque lo deseases y allí donde te tocaba en destino nacer, allí te quedabas. Así, el que nacía conde vivía como tal el resto de su existencia gracias a los privilegios legales que el Estado le otorgaba y ni siquiera los emprendedores (que nacían pobres) tenían muchas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida aunque en ello pusieran el máximo de su empeño. Tan sólo a partir del siglo XVII en ciertas áreas de Europa como Holanda, el norte de Italia o Inglaterra, los desheredados empezaron a prosperar desafiando su aciago destino de cuna. Gracias al floreciente comercio internacional que dio lugar a las primeras sociedades anónimas que incentivaban el riesgo y la inversión, aparecieron las primeras fortunas plebeyas. El capitalismo y no otra cosa fue lo que emancipó a la humanidad de la servidumbre medieval. Los cimientos de aquella revolución fueron el esfuerzo, la voluntad de enriquecerse asumiendo riesgos y el ahorro. El mundo desde entonces es un lugar mucho mejor, más rico y más justo. Así, cualquiera de nosotros, incluso aquel pobre que nace en una chabola sin más recurso que la mera supervivencia, puede llegar a ser millonario. Y esto no es una simple teoría sino una gran realidad verificada por la Historia una y otra vez: y es que desde hace casi dos siglos las principales fortunas del planeta no son las de los aristócratas, sino las de emprendedores que empiezan con lo puesto y se van a la tumba con un patrimonio personal que valdría para vivir cómodamente centenares de vidas. Estas fortunas, además, cambian continuamente. Y es que el capitalismo, a diferencia del antiguo régimen o del socialismo, premia el trabajo, el mérito y la empresarialidad.

Si echamos mano de los datos, es fácil comprobar que casi todos los multimillonarios del pasado y del presente labraron su fortuna desde la nada pero con mérito y esfuerzo… Andrew Carnegie era un simple emigrante escocés que trabajaba de mensajero, pero terminó siendo un gran magnate del acero. Cornelius Vanderbilt dejó la escuela a los once años para trabajar en un ferry del puerto de Nueva York. A los cincuenta ya era propietario de un imperio marítimo y ferroviario. Henry Ford, que inventó la industria del automóvil, nació en mitad del campo, en una humilde granja del estado de Michigan. Rockefeller era hijo de un viajante de comercio y acabó convirtiéndose en el hombre más rico de la Historia, en el santo y seña del capitalismo. Dos siglos antes, con todo su talento y su capacidad de trabajo, Rockefeller no hubiera pasado de tendero en un mercado de mala muerte. Onassis emigró a Argentina con una mano delante y otra detrás. Al morir poseía un imperio. Y así hasta la actualidad los casos son incontables: el dueño de Ikea tuvo como primer empleo que vender cerillas con su bicicleta, y de esa actividad pasó a vender diversos productos como pescado, lápices o decoración para los árboles de Navidad. Con el dinero de un premio que le dio su padre por aprobar el curso creó su empresa. El fundador de Microsoft es hijo de un abogado de clase media. Warren Buffet, el inversor más envidiado del mundo, nació en Nebraska, muy lejos de todos los centros de decisión del mundo. Su primer trabajo fue ayudar a su padre en la tienda de ultramarinos que la familia tenía en Omaha. Después consiguió un puesto de repartidor de periódicos. Fue a estudiar al este y allí, a base de observar y estudiar cuidadosamente cómo funcionaba la Bolsa, se convirtió en el mejor inversor bursátil de la Historia. Y de la misma manera, podríamos seguir: etc etc etc.

Quien se lo propone, con tesón, esfuerzo y ganas, puede entrar a formar parte de ese ochenta por ciento de milmillonarios de origen humilde que hoy viven a cuerpo de rey gracias a su voluntad y su mérito pero solamente esto se ha dado y se da dentro de sistemas capitalistas. La Historia ha demostrado cabezonamente, una y otra vez, que la única oportunidad real de los pobres es el capitalismo. A los hechos históricos me remito.

Álvaro G. Bragado | Economista

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