Capitalismo vs Socialismo (1ª Parte)

Capitalismo vs Socialismo (a través de la Historia) Iª Parte

Capitalismo vs Socialismo (a través de la Historia) Iª Parte

El siglo XX supuso una vertiginosa aceleración del tiempo histórico. Fue la época de la tecnología, de la democracia, del socialismo, de la sociedad de consumo, de la liberación de la mujer… Dos grandes sistemas adoptan los hombres para el desempeño de su actividad: capitalismo y socialismo. Los dos sistemas comportan unas distintas formas de organización social y por ende, de estructuras políticas; en definitiva, de relaciones internas dentro de cada grupo social y externas entre las diferentes colectividades humanas. Cada sistema tendrá dos modelos: los Estados Unidos y la extinta Unión Soviética. Y a caballo de ambos mundos socioeconómicos se situará un tercer mundo, el mundo del subdesarrollo.

LAS BASES DEL SISTEMA CAPITALISTA

El capital
Adam Smith, padre de las teorías de libre mercado o librecambismoAdam Smith será el primer teórico de un sistema basado en la absoluta libertad en la producción y en la articulación de los precios. El Estado, ante las actividades económicas, debe abstenerse. Es el “Laissez faire, laissez passer” (“dejad hacer, dejad pasar”, expresión francesa que se refiere a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral, y mínima intervención de los gobiernos. Fue usada por primera vez por Jean-Claude Marie Vicent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía).

El capitalismo se desarrollará, a lo largo del siglo XIX, de la mano de las ideologías burguesas y de la expansión imperialista de los europeos. El mundo proporcionará materias primas a Europa y las fábricas se extenderán por todo el continente. Las empresas crecerán hasta perder sus dueños el carácter personal y de relación directa con la fábrica (sociedades por acciones) y como telón de fondo del panorama surgirá una clase social nueva, el proletariado, que irá adquiriendo conciencia de su fuerza y, al mismo tiempo, de su situación dirigiéndose a la conquista del Estado. Y el Estado, que ya había comenzado una serie de tímidas actuaciones a base de leyes inconexas y paternalistas se irá convirtiendo en elemento de equilibrio entre los dos polos de la actividad económica: las empresas por un lado, dueñas del capital, y los trabajadores por el otro, autores materiales de los productos fabricados.

Ya desde el propio campo de la teoría económica liberal del siglo XIX (Stuart Mill, David Ricardo…) comienza a admitirse una cierta intervención del Estado, mientras paralelamente surgen, como veremos, teóricos que propugnan un control absoluto de todas las actividades de tipo económico por los Estados poniendo, incluso, a discusión la premisa fundamental del sistema: la propiedad privada, que mientras para todo el mundo había sido siempre considerada un derecho natural, para los nuevos teóricos es una simple institución social que muy bien podría desaparecer.

El sistema capitalista está basado, entonces, en la propiedad privada y su utilización para proporcionar un beneficio a los que la poseen. Este beneficio estará fundado en un mercado libre de los productos y de la contratación de los que trabajan para producirlos. El reconocimiento de un sistema socioeconómico estribará en si existe o no separación entre la propiedad de los bienes y los trabajadores que los manejan. Este segundo caso no aparecerá hasta 1917.

Samuelson señala tres preguntas cuya contestación nos da la clave del sistema: a) Qué y por qué se produce, b) cómo se produce, y c) para quién se produce. Del resultado de esta inquisición deduciremos ante qué sistema socioeconómico estamos.

La problemática
El desarrollo del sistema capitalista conlleva una serie de problemas basados en su complejidad: la estructura empresarial, las técnicas de la producción (cada vez más complicadas), la competencia entre las empresas (cada vez más cruel), las fabulosas y cada vez mayores necesidades de financiación para constantes ampliaciones de la empresa (con la intervención de los Bancos y el juego de las acciones en las Bolsas de valores), la búsqueda afanosa de mercados (con gigantescos gastos de propaganda a nivel mundial), la obtención de materias primas (que se obtienen muchas veces a base de dominar militar o económicamente otros países), la necesidad de estabilidad monetaria a través de patrones reconocidos internacionalmente (lo que no puede impedir la permanente inflación que va unida al sistema), las demandas de los productores (que a causa de la inflación piden constantemente más salario y, por otro lado, más dignas condiciones de trabajo), los gastos de investigación (para producir nuevos y más perfeccionados productos)…

El proletariado
Será esta problemática, y no consideraciones de índole moral y filosófica sobre la explotación de los obreros, la que lleve a los propios teóricos del sistema a desear la intervención de una autoridad. Y ésta no podía ser otra que el Estado. Porque, como consecuencia de la íntima inseguridad de las estructuras capitalistas, el sistema se ve sometido constantemente a crisis y recesiones económicas, a unos sucesivos hundimientos y ascensos de la economía, a lo que se llaman los ciclos del capitalismo. Esto era tan terriblemente peligroso que podía conducir a la autodestrucción, como estuvo a punto de ocurrir en la gran depresión de 1929.

ObrerosEl crecimiento de las asociaciones obreras que organizan poderosos partidos que arrastran a las multitudes productoras (Marx señalaba que el proletariado conquistaría el poder, aprovechándose de una de las crisis cíclicas del sistema), decide el intervencionismo estatal.

Por ello, en el siglo XX el capitalismo fue adoptando una serie de formas nuevas, se desarrolla en un sentido imprevisible en su momento de auge, y aunque no renuncia a sus premisas básicas (propiedad privada y lucro de los poseedores), sí acepta e impulsa las leyes de protección a los obreros, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la autoridad del Estado para estructurar y planificar las actividades económicas, y aún la renuncia a ciertos campos de la actividad económica que pasan a propiedad estatal.

Capitalismo vs Socialismo, sistemas antagónicosAsí, como veremos, en la segunda mitad del siglo XX capitalismo y socialismo, sistemas antagónicos e irreconciliables, comienzan un período de coexistencia pacífica y establecen fronteras mutuas que dividen el universo entre las dos posibilidades.

LA OPCIÓN PROPUESTA POR EL SOCIALISMO

Los socialismos
En Alemania surgirán las primeras ideas contrarias al sistema capitalista partiendo de una nueva idea del Estado. El Estado no debe ser el espectador imparcial de las tensiones sociales, sino que debe comprometerse. Esta concepción del Estado, apoyando las ideologías obreristas que hemos visto anteriormente, dará origen al socialismo.

Bajo el epígrafe socialismo caben multitud de autores y teorías, algunas francamente divergentes, pero todas unidas por dos premisas fundamentales: la hostilidad hacia el capitalismo y la oposición a la propiedad privada. Podemos señalar tres corrientes socialistas. La primera en el tiempo sería la idealista. La segunda el socialismo científico de Carlos Marx, ya en la segunda mitad del siglo XIX. Y la tercera, la de los epígonos del marxismo, hasta nuestros días, con múltiples variantes, desde el marxismo-leninismo, que triunfó en Rusia adoptando el nombre específico de comunismo, hasta los modernos y moderados socialismos de Europa occidental, que conviven con el capitalismo y que sienten (o debieran sentir) por el comunismo (por su negación de la libertad del hombre y por su concepción totalitaria del Estado) la misma repugnancia que los más decididos liberales. Estos socialismos europeos vienen alternando su estancia en el poder con otros partidos dentro de Europa: el Laborismo británico, la Social-Democracia alemana, los socialismos nórdicos… Fuera de Europa se dan experiencias socialistas de los más diferentes estilos y catadura moral (maoísmo chino, socialismo israelí, comunismo cubano)…

La teoría marxista
Karl Heinrich MarxLas ideas de Marx parten de la teoría de la plusvalía, según la cual si cada obrero recibiese por su trabajo un salario exactamente igual al esfuerzo realizado, el capital, lógicamente, no obtendría beneficios. Pero los obtiene porque hay una diferencia entre lo que paga a los obreros y el precio de venta del producto. Esta es la plusvalía, el beneficio del capital que se consigue, en definitiva, pagando menos el esfuerzo realizado por los productores. Como, por otro lado, las empresas son anónimas, son por acciones, el propietario no es nadie, es un capital, es decir, no es nada. Marx piensa que la propiedad debe pasar íntegramente a manos de los trabajadores, que los trabajadores recibirán exactamente la parte que corresponde a su esfuerzo personal y que, cuando esto llegue habrá un mundo feliz. Desaparecería todo el complejo y delicado mecanismo de la estructura económica del mercado y no habría más períodos de crisis económicas. Sería aprovechando una de estas crisis como el proletariado haría su revolución a partir de una gran “huelga general” (tan típica en las incitaciones comunistas).

Marx elabora toda una teoría científica del pasado (la lucha de clases) y del futuro (una sociedad sin clases). Su pensamiento es una nueva teoría de la historia. Su socialismo científico, como el de Engels, es más una crítica y un análisis del capitalismo que una teoría del socialismo, porque Marx no quiere caer en las utopías. Por ello Marx, ese profeta de la humanidad, se ha visto, como todos los profetas, en trance de interpretación y han surgido las diferentes y heterogéneas formas de socialismo que se señalaban más arriba.

Quizá el punto de partida del arranque de los diferentes socialismos esté en la forma en que Marx concebía la toma del poder por el proletariado. Para Marx esto ocurriría por las propias contradicciones del sistema capitalista y en una sociedad que hubiese llegado a un alto grado de industrialización y concentración de capital.

Sin embargo, la primera revolución socialista, la soviética, la que llevaría al poder en la Rusia de los zares al partido comunista, partiría de unos presupuestos diferentes.

El comunismo
La revolución soviética se realizaría en el país menos preparado de Europa, en contra de las tesis de Marx. No sería la consecuencia de los fallos del sistema capitalista, sino como consecuencia de la voluntad de una minoría de activistas revolucionarios (los bolcheviques) y aprovechando una circunstancia exterior: la Primera Guerra Mundial que desde hacía tres años se desarrollaba con quebranto del ejército de los zares. Así, en febrero de 1917 estalló una revolución en Rusia, la cual, en sus primeros momentos (régimen de Kerensky) fue de régimen liberal y en la que los comunistas colaboraron como un partido más. Pero a los pocos meses (octubre) la auténtica revolución soviética liquidó el régimen liberal.

El líder de la revolución, Lenin, tendría que abordar multitud de aspectos no previstos por Marx, el primero de los cuales sería la vertiente política del sistema, ya que el marxismo es más una filosofía de la historia y una teoría económica que un proyecto de estructura política, máxime cuando Marx pensaba que el Estado quedaría relegado a un papel secundario en una visión más cercana al anarquismo de Bakunin.

Propaganda comunista que presenta al capital como un gigantesco monstruo devoradorLenin y su sucesor Stalin se encargarían de organizar el sistema en el plano económico y en el plano político. Y frente a las teorías internacionalistas del socialismo clásico realizarían, sobre todo el segundo, un comunismo nacional, ruso. Probablemente aquí estuvo la clave de su éxito.

LA EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CAPITALISTA

De Europa a Norteamérica
A fines del siglo XIX, Europa comienza a mostrar señales de resquebrajamiento: los italianos son vencidos por los etíopes en 1896; los españoles por los norteamericanos en 1898; los boers se enfrentan a los ingleses en África del Sur y, especialmente, los japoneses derrotan espectacularmente a los rusos en 1905. Por los mismos años, por primera vez en la historia, la producción de un país extraeuropeo, Estados Unidos, superó la producción inglesa de hulla. Y, finalmente, se produce lo que muchos autores llaman la segunda revolución industrial en los últimos años del XIX y principios del XX: el motor de explosión (el automóvil), la electricidad, la aviación… Se desarrolla la química y la siderurgia, hay nuevas aplicaciones técnicas (la radio), médicas (los rayos X), de energía (el petróleo)… Las sociedades mercantiles se convierten en grandes sociedades anónimas y surgen fabulosos capitales formados por familias de la alta burguesía (los Rockefeller). Pero muchos de estos hechos, como estamos viendo, ya no son exclusivos de la vieja Europa. Nuevos competidores económicos aparecen frente a Gran Bretaña, Francia o Alemania. Sobre todos ellos, los Estados Unidos y Japón.

Mapa reorganización europeaSerá la Primera Guerra Mundial la que desencadene un proceso que ya se veía venir. Efectivamente, antes de 1914 los europeos cubrían sus déficits con los rendimientos de sus inversiones en el extranjero, con los beneficios de sus imperios coloniales, y en su relación con Estados Unidos eran acreedores. Pero, durante la guerra, hubieron de comprar armas, municiones y todo tipo de bienes a otros países industrializados. Y, claro está, fue Norteamérica la gran beneficiaria del cambio, pues a ella cedieron los europeos sus inversiones, y de ella recibieron préstamos cuantiosos.

Tras 1917 se produce un colapso económico que dura hasta 1921, año de máxima agudización de la crisis. A partir de esta fecha, la economía europea se recupera y hay una gran prosperidad de 1924 al 29. En estos años, los Estados Unidos realizan grandes inversiones en Europa para proporcionar un mercado a su industria, cada vez más potente. Pero comienza a extenderse la teoría del intervencionismo estatal y Estados Unidos establece poderosas tarifas aduaneras que frenan las exportaciones europeas. Por otro lado, los americanos, que habían entrado al final de la guerra al lado de los aliados y frente a los imperios centrales, cobrarán de estos las indemnizaciones de guerra, pero también de los vencedores, la devolución de los préstamos que les concedió Estados Unidos. Se conceden más y más créditos para el desarrollo industrial y la producción se duplica en breves años. Comienza una nueva curva ascendente.

Crisis y dictaduras
En Europa, el Estado interviene de manera mucho más cruda. La democracia liberal entra en una profunda crisis agudizada por el receso económico posbélico. Otros factores intervienen: el miedo de la burguesía a los movimientos proletarios (el comunismo ha triunfado en Rusia y se ha formado la III internacional), el hundimiento del gran capital europeo y su mayor dependencia de Norteamérica, el exacerbamiento de los nacionalismos tras la decepción de una guerra que nada resuelve y la ampliación decidida del derecho del voto a las masas. Surgen así las dictaduras: Primo de Rivera en España, Mustafá Kemal “Ataturk” en Turquía, Carmona en Portugal, Pilsudski en Polonia… Pero, sobre todo, Mussolini en Italia creando un estado totalitario y un nuevo movimiento político: el fascismo.

CapitalismoEl 24 de octubre de 1929, viernes, de manera súbita, comienza la más terrible crisis del capitalismo. El hundimiento total de la bolsa de Nueva York (Wall Street) desencadena una violenta crisis económica que arrastra a toda Europa (menos la U.R.S.S.) y durará hasta 1932. La producción disminuye en más de un 50 por 100. Millones de obreros parados vagabundean por las calles. Las grandes empresas se arruinan, los bancos cierran. ¿Es éste el momento del triunfo del socialismo?

Los intervencionismos
Las reacciones no se hacen esperar. Serán de dos tipos, pero ambos conducentes a la creación de un Estado claramente intervencionista: en unos países las masas proletarias se unen para la toma del poder (Frente Popular en Francia dirigido por León Blum), en otros el capital y la burguesía se entregan en manos de un totalitarismo de derechas que ya había triunfado en la Italia mussoliniana (nacionalsocialismo de Hitler en Alemania).

En Estados Unidos comienza la larga Era de Roosevelt (1933-1945) con la implantación, asimismo, de un claro proteccionismo estatal. Es la New Deal, la nueva frontera. Equipos de técnicos intentan conjugar la intervención del Estado con el mercado libre regulado por una serie de leyes. Hay una gran reforma agraria (A.A.A.: Agricultura Adjuntament Act), grandes planificaciones regionales al estilo soviético (como la del valle del Tennessee), un plan de reconstrucción industrial (Leyes antitrust, acuerdos sobre precios, etc…). Y comienzan a promulgarse leyes de carácter social sobre horarios máximos, salarios mínimos, desempleo, libertad sindical, derecho de huelga, seguros de paro, invalidez y vejez… Era un nuevo capitalismo.

Álvaro G. Bragado | Economista

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