Brujería

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Kramer y Spregler, los dominicos del siglo XV que escribieron el Malleus Maleficarum (”El martillo de las brujas”), no albergaban duda alguna sobre la naturaleza de la brujería. La consideraban expresión visible de la obra de Satán en el mundo. Margaret Murray, distinguida antropóloga del siglo XX, no estaba tan segura. En su influyente libro ‘El culto de las brujas’ postulaba que la brujería es la supervivencia de una religión precristiana que se retrotrae, literalmente, a tiempos prehistóricos.

Durante algún tiempo la tesis de Murray fue apoyada en los medios eruditos (a ella se debe el artículo ‘Witchcraft’ (brujería) en antiguas ediciones de la Enciclopedia Británica), pero más tarde concluyeron que la tesis no estaba suficientemente probada. Uno de los que no estuvieron de acuerdo con esto fue Gerald Gardner, que decía ser el encargado oficial de relaciones públicas de un aquelarre de New Forest y aseguraba que Margaret Murray tenía razón en casi todos los puntos.

El renacimiento de la brujería con la Nueva Era, con independencia de si Gardner estuvo en lo cierto o no, se presenta muy vinculado a sus libros ‘Witchcraft Today’ (“Brujería hoy”) y ‘The Meaning of Witchcraft’ (“El significado de la brujería”). El vivo interés que éstos suscitaron de parte de la prensa, aunque mayoritariamente hostil, contribuyó en buena medida a que renaciera el interés por el tema, que por ahora no da signos de agotamiento.

Al principio, este renacimiento se dirigía sobre todo a un cierto público de edad madura y de clase media, hasta que apareció Alex Sanders e instituyó su propia marca de brujería con atención preferente hacia el ritual mágico, con lo que atrajo a seguidores más jóvenes e intelectualmente mejor preparados. Durante algún tiempo la prensa hizo correr mucha tinta alrededor de la supuesta “batalla” por el título de “Rey de los Brujos”, que según decían se había intensificado después de la muerte de Gardner en 1964. Finalmente la distinción, cualquiera que sea el valor que deseemos concederle, recayó en Sanders, aunque vale la pena observar que cuando éste falleció no se reprodujo aquella rivalidad poco digna en busca de títulos altisonantes. Lo que no debió ser casualidad porque, independientemente de lo que haya supuesto en el pasado (o en algunas comunidades primitivas de nuestros tiempos), hoy, y en la cultura occidental, la brujería se ha convertido en una expresión del despertar feminista, con el consiguiente rechazo ante todo tipo de centralización y de estructuras jerárquicas.

Las brujas modernas suelen denominar su religión con el término wicca, que es una forma femenina del antiguo inglés wicce, que significaba “brujo”. En cuanto al culto mismo, es decididamente matriarcal; en todo aquelarre la Suma Sacerdotisa se considera personificación (y en algunos ritos incluso encarnación) de la Gran Diosa Madre, que es la deidad principal del movimiento. El consorte de la Diosa, personificado por el Sumo Sacerdote del aquelarre, es el Dios Cornudo, a menudo incorrectamente identificado con el Diablo por las personas no iniciadas en el culto.

Las festividades principales de la brujería moderna son estacionales. El equinoccio invernal se sitúa en el 21 de marzo; el 30 de abril es Beltane; el 22 de junio el solsticio de verano; Lammastide el 1 de agosto; el equinoccio de otoño el 21 de septiembre; Halloween el 31 de octubre; el solsticio de invierno el 21 de diciembre; y Candlemas (la Candelaria) el 2 de febrero. Otros sabbats, como se llama a estas fiestas, se celebran las noches de luna llena, y también hay fiestas menores o esbats semanales.

La unidad operativa de la brujería es el aquelarre, que reúne idealmente, aunque no sea imprescindible, un grupo de trece. (Este número se considera el mejor para las danzas, aunque muchas ceremonias wicca prefieren el círculo de nueve.) Algunos aquelarres se realizan con los participantes vestidos, otros al desnudo integral, o ambas cosas, según la inclemencia del tiempo. Pese a ciertos aspectos de culto a la fertilidad, esa desnudez no suele implicar elementos sexuales, sino que obedece a la creencia de que las ropas pueden obstaculizar la emanación de la energía personal.

Las ceremonias difieren entre unos aquelarres y otros, aunque hay obvias similitudes y elementos comunes. La reunión habitualmente se celebrará en sábado, y consistirá en trazar un círculo y encender cuatro velas correspondientes a los puntos cardinales. Los asistentes forman un círculo mientras la Suma Sacerdotisa se arrodilla ante un altar central, sobre el cual se hallará una serie de implementos del ritual, entre los que figurará casi con certeza un ‘Libro de las Sombras’ que contendrá detalles ceremoniales y conjuros. El Sumo Sacerdote, llevando quizás un casco con cuernos, permanece en pie cara al Sur.

Se utiliza una solución salina como equivalente del “agua bendita” para purificar el círculo, así como a los participantes y a los oficiantes. Luego la Suma Sacerdotisa se vuelve hacia cada uno de los puntos cardinales, por lo común con una espada ceremonial en las manos, y evoca a los “Poderosos”, a los soberanos elementales de la Tierra, el Aire, el Fuego y el Agua.

Una de las ceremonias más interesantes de la brujería moderna es la “Llamada de la Luna”, un rito que realiza la Sacerdotisa y cuyo objetivo consiste en crear una encarnación temporal de Dios en ella; el resultado manifiesta obvios paralelismos con los ritos de posesión durante el trance de muchas religiones chamánicas. Otra ceremonia, llamada el “Gran Rito”, recuerda los cultos a la fertilidad mediante un acto sexual, real o simbólico, entre el sacerdote y la sacerdotisa.

(Aclaración de algunos términos usados)
RitualRitual: En el sentido estricto, la palabra ‘ritual’ describe cualquier sucesión de actos que se repite a menudo (como quien comprueba todos los días, antes de acostarse, que las puertas y ventanas estén bien cerradas), pero ha adquirido el sentido de ceremonial religioso y/o mágico, también caracterizado por una sucesión reglamentada de acciones y además (habitualmente) por el empleo de ropajes y enseres especiales. Otro detalle, celosamente mantenido en secreto durante siglos pero que ahora conocemos, es que el ritual mágico tiene un desarrollo interno, además de los aspectos externos. Es decir, que mientras realizan los actos externos visibles sus practicantes evocan una serie de visualizaciones perfectamente determinadas.

Dios Cornudo: Consorte de la Diosa en las ceremonias de brujería, el Dios Cornudo se asocia a menudo con el Cernunnos de los celtas y representa el principio masculino equilibrador en lo que esencialmente es una religión femenina. Tiene relaciones bastante obvias con el dios Pan de los griegos, que significaba la totalidad de la Naturaleza; pero históricamente las iglesias cristianas sólo se han fijado en los cuernos y en su tradicional antipatía contra la brujería cuando identifican al Dios Cornudo con Satán.

Antonio Rodríguez-Insausti | Profesor, psicólogo e investigador paranormal

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