Antiguo Egipto

Antiguo Egipto

Antiguo Egipto

Una de las más brillantes civilizaciones de la Antigüedad fue la que se desarrolló en Egipto, en las tierras regadas por el río Nilo. Duró aproximadamente tres milenios, desde la unificación del territorio (hacia el 3000 a. de C.) hasta la conquista romana (siglo I a. de C.). En ese largo período se sucedieron en la historia de Egipto diversos imperios (Antiguo, Medio, Nuevo), que después de una etapa de esplendor entraban en decadencia. Nuestro conocimiento de esa civilización se basa esencialmente en los restos materiales que se han conservado y en la interpretación de la escritura egipcia, descubrimiento efectuado por Champollion a principios del siglo XIX gracias a la piedra de Rosetta, que era un decreto sobre los honores que debían rendirse a Ptolomeo V, en escritura jeroglífica, demótica y griega, advirtiendo que el nombre de éste estaba dentro de un marco y que a cada signo correspondía una letra.

Economía y sociedad
Los rasgos fundamentales de la civilización del antiguo Egipto son, desde el punto de vista económico y social, la existencia de una floreciente agricultura irrigada, base material de todo el conjunto, y el establecimiento de una sociedad rígida e inmóvil en la que un grupo dominante (el faraón y sus servidores), que monopoliza el poder político y se apropia de los excedentes, impone una férrea disciplina a la masa popular. La base de la agricultura la proporcionaba el río Nilo, cuyas crecidas aportaban un limo de valor inestimable. Los egipcios empleaban la yunta de bueyes y un tipo primitivo de arado, y poseían conocimientos técnicos que les permitían medir el nivel de las aguas. Los cultivos principales eran cereales, higos, olivo, vid, productos de huerta y lino. En cambio, la ganadería apenas estaba desarrollada. En cuanto a las actividades artesanales destacaban la fabricación de tejidos, la cerámica y la industria del papiro. También fue muy importante la construcción, pues desde muy temprano conocían la técnica de la cimentación de la piedra. Puntos débiles eran la carencia de madera y de metales. Una de las principales razones de la expansión militar de los faraones fue la búsqueda de estos productos.

La sociedad egipcia estaba fuertemente jerarquizada, por una parte la minoría dirigente (el faraón, la nobleza, el alto clero y los funcionarios), por otra la gran masa de población sometida. A la cabeza de todo se encontraba el faraón. Desde la corte se regulaba la vida del campo, se evaluaban las cosechas y se establecían los impuestos. Las comunidades campesinas entregaban una buena parte de la cosecha a los recaudadores del Estado. Al mismo tiempo, éste se apropiaba de gran cantidad de mano de obra, que utilizaba para sus construcciones (pirámides, templos). Al lado del faraón se hallaba un reducido grupo de nobles, dueños de grandes propiedades. El alto clero, cuya misión era cuidar a los dioses, también tenía extensas posesiones. La administración estatal estaba asegurada por los funcionarios, es decir, los escribas, gentes que conocían la escritura y que gozaban de amplios privilegios. A los ojos del pueblo los escribas simbolizaban la opresión estatal. La inmensa mayoría de la población (más del ochenta y cinco por ciento de los habitantes del Egipto antiguo) era campesina. El campesino o fellah, miembro de las viejas comunidades aldeanas que han entrado en disgregación, vivía muy agobiado, por lo que en la práctica era un siervo del campo. Los esclavos eran escasos al principio, pero con el tiempo su número creció, debido a la llegada de prisioneros de guerra y a la ruina de muchos campesinos que, asfixiados por los impuestos, caían en la esclavitud. Un grupo independiente lo constituían los artesanos. Era un sector numéricamente reducido, que, por lo general, trabajaba en talleres del Estado o de los templos. Aunque la masa popular aceptaba las duras condiciones de vida, a veces se rebelaba, dando lugar a conmociones sociales.

Formas políticas: el faraón
El poder político descansaba en el faraón, a quien se le atribuía carácter divino (era un dios en vida). Él era la fuente de la prosperidad, el legislador supremo, el que dispensaba la justicia, el jefe de los ejércitos y el máximo sacerdote. Residía en una corte muy suntuosa. Aunque a veces acudía a partidas de caza, por lo general vivía aislado. En su atuendo llevaba la mitra blanca y el gorro rojo, símbolos, respectivamente, del Alto y del Bajo Egipto, es decir, del valle y del delta. En la ceremonia de coronación, que se celebraba en la ciudad de Menfis, el faraón realizaba un recorrido que simbolizaba la supuesta vuelta del Sol alrededor de la Tierra.

Al lado del faraón se hallaba un grupo de colaboradores, especie de ministros, encabezados por un visir. Todos ellos eran reclutados entre los miembros de la nobleza. Desde la corte se dirigía con gran minuciosidad la vida del país, especialmente el cobro de los impuestos, que permitía al faraón acumular enormes riquezas. En estas tareas participaban los escribas. Es cierto que, en teoría, toda la actividad del faraón se justificaba por la alta misión que tenía que cumplir: cuidar del bien de la comunidad. Pero, en la práctica, el despotismo faraónico y la explotación fiscal del pueblo fueron caracteres permanentes del Egipto antiguo.

Religión
Los egipcios tenían numerosos dioses. En cada territorio del antiguo Egipto o nomo se adoraba a una determinada divinidad. Con la unificación política pasaron a primer plano los dioses de las ciudades rectoras (Ptah, dios de Menfis, en el imperio Antiguo; Amón, dios de Tebas, en los imperios siguientes). Pero la divinidad por excelencia era Ra, el disco solar. Siendo Egipto un país agrario no es extraño que fuera el Sol la divinidad fundamental, pues él representaba la fuerza natural que posibilitaba las cosechas. Era tal la fuerza de Ra que los demás dioses intentaron asociarse a él (por eso se hablaba de Amón-Ra). Los faraones, por su parte, se consideraban hijos de Ra. No obstante, los demás dioses subsistían. Cuando un faraón de la XVIII dinastía, Amenofis IV, propuso la instauración del monoteísmo, adorando únicamente al Sol (ahora bajo el nombre de Atón), fracasó en su empeño. Al lado de estos dioses múltiples, herencia del pasado egipcio, había otra divinidad muy popular, Osiris, dios de los muertos. En la leyenda popular, Osiris era despedazado y enterrado, pero una vez recogidos los trozos de su cuerpo renacía en la figura de su hijo Horus. Osiris muerto, era el símbolo de la semilla enterrada y, resucitado, significaba el fruto que da la tierra. Era un típico mito agrario, que al mismo tiempo planteaba, y resolvía a su manera, la contradicción entre la vida y la muerte. En general, los egipcios consideraban a todos los dioses, en sus necesidades, como seres humanos, pero los representaban en forma animal. No hay que olvidar la frecuente divinización de animales en el Egipto faraónico.

Los dioses vivían en los templos y de su cuidado se encargaban los sacerdotes, desde que abrían la cámara divina hasta que aquellos se entregaban al sueño. Los sacerdotes formaban una auténtica casta, que aprendía su oficio y era reconocida por su gran sabiduría. A veces se celebraban fiestas religiosas. Las más importantes de todas fueron las de Abidos, en honor del dios Osiris.

Los egipcios creían en la vida de ultratumba. Todos los individuos tenían un alma (o bha) inmortal, pero ésta necesitaba un severo cuidado del cuerpo. De ahí que se embalsamara a los cadáveres y que se llevasen alimentos y provisiones a las tumbas.

Corte piramidal(En la imagen derecha se muestra el corte de una pirámide en el que se advierten los múltiples pasadizos interiores, con los que se pretendía despistar a los ladrones.) Para acceder a la vida de ultratumba, el egipcio debía de superar un juicio ante el tribunal de Osiris, pero aunque éste era muy severo se conocían fórmulas que permitían superar con éxito la prueba. No obstante, había una profunda contradicción, pues si en teoría la vida de ultratumba era para todos, en la práctica sólo se efectuaban los actos necesarios para asegurársela a unos pocos (los faraones y los altos funcionarios; sólo muy tardíamente hubo embalsamamientos más modestos).

Arte y manifestaciones intelectuales
Las tres pirámides de GizehEl arte egipcio, majestuoso y solemne, está dominado por las creencias religiosas y la exaltación del faraón. Es un arte religioso y oficial, en el que lo más representativo son quizá las construcciones funerarias. Las tumbas más antiguas son las mastabas, que tenían forma de pirámide truncada. Pero las tumbas mejor conocidas son las pirámides propiamente dichas, construidas en piedra. Destacan las levantadas por los faraones de la IV dinastía en las proximidades de Menfis.

Sala hipóstila del templo de KarnakMás tarde, apareció un nuevo tipo de sepultura, el hipogeo, excavado en la roca. También son impresionantes los templos del imperio Nuevo, especialmente los de Luxor y Karnak, en los que cabe resaltar las amplias avenidas de esfinges que los precedían y las gigantescas columnas.

NefertitiLa escultura egipcia denota una serenidad y un hieratismo que se puede apreciar en las representaciones de los escribas. No obstante, en el imperio Nuevo ganó terreno la estilización de las figuras, combinándose con un cierto naturalismo que llegó a su culminación en tiempos de Amenofis IV (un buen ejemplo es la estatua de la reina Nefertiti). En las tumbas nos han dejado los egipcios magníficas representaciones pictóricas, que aluden, por lo general, a escenas de la vida cotidiana.

Los egipcios, aunque no desarrollaron propiamente ninguna ciencia, adquirieron numerosos conocimientos empíricos. Hicieron progresos en el cálculo, debido a la práctica de la medición de las aguas del Nilo. Las observaciones astronómicas les llevaron a confeccionar un calendario solar, compuesto de doce meses de treinta días, más cinco complementarios. El embalsamamiento de cadáveres, junto con las operaciones previas (extracción de vísceras, etc.), les permitió adquirir útiles conocimientos sobre el cuerpo humano.

Uno de los principales vehículos para el conocimiento de la civilización egipcia es la escritura, expresada de diversas formas, de las cuales la más conocida es la jeroglífica. Los egipcios nos han legado algunos textos originales. La mayor parte de ellos corresponden a una literatura religiosa y ritual, en relación con el más allá (por ejemplo, el Libro de los muertos), pero también se conservan textos que describen con gran viveza la vida del pueblo (como la Sátira de los oficios).

Carmen Conesa | Historiadora

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